Escritas con una prosa algo altisonante para nuestros días, pero aun así ágil y amena, estas memorias pueden dividirse en dos partes. En la primera, que transcurre entre la invasión napoleónica y la subida al trono de Isabel II, Mesonero Romanos deja que los sucesos históricos prevalezcan sobre los recuerdos propios, aunque se mezclen ambas facetas. No falta, incluso en este apartado, algún cuadro de costumbres de la sociedad madrileña de ese período, pero es a partir de 1833, con el sosiego de la política española, cuando las excepcionales dotes de observador de Mesonero van a campar a sus anchas.
El libro es apasionante en sus dos partes, en la narración y el análisis del la Guerra de la Independencia, de los reinados de José Bonaparte y del alevoso Fernando VII, y en la descripción de los usos y costumbres de los españoles de la época, así como del mundillo cultural y literario fundamentalmente romántico.
Estas memorias nos acercan a un hombre entrañable de prodigiosa memoria que mira al pasado sin rencor y sin afán de protagonismo, que recuerda con ternura a los personajes de los círculos literarios con los que compartió la primera mitad del XIX , que buscó ante todo el progreso de sus conciudadanos y que, a falta de otro oficio, ejerció, como reza la descuidada edición de Crítica, el de "madrileño profesional".
Ramón de Mesonero Romanos, Memorias de un setentón, Barcelona, Crítica, 2008