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Algunos dudaron de su falaz existencia, como Enrique Jardiel Poncela, que tituló una novela suya con el irónico título de ¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes?, pero en un reciente viaje relámpago a La Rioja me he encontrado con las calaveras de cinco de esos once miles de castas féminas. Reposan en la sala de reliquias del monasterio de Santa María de Cañas, una abadía cisterciense del siglo XIII, enseñando sus interioridades con una impudicia muy alejada del recato que (supuestamente) mantuvieron en vida.