jueves, 8 de mayo de 2008

Historia de una contusión vulvar

A veces uno tiene la sensación de que ha visto todo en este mundo, de que la vida ya no va a sorprenderle de nuevo, y en ese momento de madurez inmadura aparece una noticia inverosímil que vuelve a sumirlo en la perplejidad más absoluta.


En Beas de Segura, una mujer de 74 años ha sido condenada por agredir a otra en los genitales durante el pésame de un funeral. Me imagino allí a Refugio M.S., en medio de la penumbra de la iglesia, guardando cola para transmitir sus condolencias a la inconsolable familia del finado y esperando ansiosamente para cometer su infame acción.


El acto en sí debió de ser espontáneo, porque la situación fue imprevisible, pero también puede que la anciana meditara unos segundos su tropelía mientras avanzaba la bulliciosa fila hacia los allegados del difunto. "Te tengo que sacar el coño", le espetó a la víctima sin exordio alguno como una vulgar posesa por exorcizar, y, acto seguido, armó su pulgar y su índice, que debieron de titilar en medio de la oscuridad de la iglesia como florentinas dagas sedientas de sangre, y lanzó un pellizco asesino ante la perpleja mirada del santoral que adornaba las paredes del templo.
La víctima seguramente pegaría un grito, o se retorcería de dolor o de pánico ante el ataque, (dirigido con eficacia marcial y sin daños colaterales, como un entrenado piloto de un caza americano), hacia lo que en boxeo se llaman partes bajas, es decir, la vulva, o sea, el coño, lo cual no deja de ser meritorio teniendo en cuenta la dificultad de pellizcar en la susodicha zona de la anatomía femenina.
Cuando la mujer llegara finalmente a dar el pésame, si es que pudo, a los familiares les dejaría absolutamente pasmados el dolor que traslucían sus palabras: "Yo pensaba que apenas se conocían y fíjate, se la ve muy afectada". "Te acompaño en el sentimiento, diría ella, "y no sabes cuánto".
Paradójicamente, a esta mujer la vulva le dolía un huevo. Tanto que la pobre se presentó al poco rato en el centro de salud del pueblo. Allí inspeccionaron detenidamente la zona y detectaron en ella una extraña "contusión vulvar". La Audiencia Provincial de Jaén se ha basado en ese diagnóstico médico para condenar a la agresora por lesiones, aunque ha tenido a bien reducirle la multa a 90 euros por su condición de pensionista. No olvidemos que Refugio no es más que una pobre, inocente y desvalida ancianita.

9 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Qué historia más alucinante y con qué gracia la has contado, todavía me estoy riendo... Además me ha sorprendido muy gratamente que hayas escrito otro post tan rápido. Gracias a Dios o quien sea, que paso frecuentemente a visitaros, hermanos Fdez. Magdaleno, sino no te hubiese leído tan pronto. Besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

si ya decía yo que los funerales tenían mucho peligro...

el trenti dijo...

Meemía, qué horror. Pobre mujer. ¡No sabe la gente que con ciertas partes no se juega! Quiero decir, sí se juega ( y madre cómo se disfruta) pero con delicadeza, joer, con delicadeza...

Un abrazo

Diego Fernández Magdaleno dijo...

Vaya, vaya...
Besos,
Diego

Álvaro Fernández Magdaleno dijo...

Una historia brutal.
Un beso.

Pablo A. Fernández Magdaleno dijo...

Gracias Merche. Ya ves que estoy la mar de aplicadito.
Y tanto que tienen peligro, muchísimo, Pedro.
Tú, Trenti sí que sabes para qué sirve aquello y no la señora en cuestión.
Un abrazo.

manuel-tuccitano dijo...

Vaya como se las gastan mis paisanos de Jaén....menos mal que fue un pellizco, si llega a ser una patada se queda sin pensión...Vaya con el funefal. saludos

amelche dijo...

¿Y a los 74 años aún están así? ¡Ufff! Hay gente que no supera nunca la adolescencia...

Anónimo dijo...

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