lunes, 26 de mayo de 2008

Inverosimilitudes de cine (I. Alatriste)

Cuando termina una película, la gente suele levantarse inmediatamente de sus asientos sin esperar a los títulos de crédito. Los que permanecen sentados viendo pasar nombres y más nombres, saben que los títulos de crédito duran al menos cinco minutos. Toda esa gente trabaja, cada uno en su campo, para que el resutado de la película sea óptimo y, sin embargo, internet está lleno de gazapos en los que no ha reparado ninguno de los cientos de ojos responsables del resultado final: un reloj en manos de un gladiador romano, copas que se vacían y se llenan por arte de magia, Humphrey Bogart en la puerta del tren con la gabardina seca un segundo después de que le hubiera caído encima el mismísimo diluvio universal...

Los errores son muchos y quizá cada película pueda presumir del suyo. Pero a veces el fallo no es consecuencia de un descuido, sino absolutamente consciente, y en estos casos el error es, por eso mismo, más grave, porque afecta a la propia estructura de la obra e incluso a su verosimilitud. No es verosímil, por ejemplo, que Diego Alatriste, soldado y mercenario español del siglo XVII, hable castellano con una extraña voz que no llega a enmascarar el acento extranjero de Viggo Mortensen. Yo no pude dejar de pensar en otra cosa en cuanto a Alatriste le tocaba abrir la boca, es decir, durante toda la película, que, por cierto, tenía un guión desaliñado y carente del más mínimo rastro de unidad y de sentido narrativo. Agustín Díaz Yanes debería haberle agradecido a Mortensen sus esfuerzos por adecuar su acento angloargentino al castellano de España y, acto seguido, comunicarle que lo mejor para la película (y hasta para su carrera) era que un doblador profesional se encargara de decir su papel. Pero Díaz Yanes no se atrevió a incomodar a Mortensen o, simplemente, se dejó deslumbrar por el rutilante brillo que desprenden las estrellas de Hollywood. La película, desde luego, se resiente de ello.

Viggo Mortesen es Diego Alatriste

8 comentarios:

Diego Fernández Magdaleno dijo...

Se resiente, se resiente...
Besos,
Diego

manuel-tuccitano dijo...

ciertamente, cuando ves los créditos, es cuando reparas en la multitud de gente que se necesita llevar a buen fin cualquier película... y gazapos los hay a montones (conocía cada uno de los que comentas, antes era un fiel lector de fotogramas, y se solía edicar una columna a estos menesteres)...no sabía de tu afición por la crítica cinéfila...saludos

Merche Pallarés dijo...

PABLO, yo vi "Alatriste" y aunque aprecié el esfuerzo oral de Vigo, no me resultó del todo creible, tienes razón (hubiera preferido a Javier Bardem). Pero la pelicula me gustó por el resto de actores que encontré fantásticos. A mi me suele gustar quedarme hasta el final pero no para fijarme en todos los que participaron (porque sé que son muchos) sino por la música maravillosa que ponen. Besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Esta película me dejó un sabor agridulce y una cierta idea de ocasión perdida.
Excusa para el acento: es que Alatriste fue muy viajado y era una esponja en los acentos...

nerea dijo...

No la vi... pero estoy de acuerdo... Además, no se supone que la peli tiene que ser creible? pues el acento es fundamental ¿no?...

Besicos!

Pablo A. Fernández Magdaleno dijo...

Diego, si ya lo decía yo...
Me gusta el cine, Manuel, pero sobrevaloras mis entradas denominándolas crítica de cine, aunque lo agradezco de todos modos.
Merche, yo hago lo mismo, pero sólo cuando la música me gusta.
Yo, Pedro, sentí lo mismo. Una película que podría haber sacado al cine español de ese estereotipo que tanto daño le hace, Otra vez será.
Nerea, lo mismo opino. Cuánto tiempo.
Saludos a todos y gracias

fernando dijo...

Pues a mí, me gustó. La película me enganchó y me agrao mucho verla. No me dí cuenta de los gazapos, igual en un segundo visionado me daría cuenta. Un abrazo.

amelche dijo...

Primero, creo que el actor debería haber sido otro, por ejemplo, Eduardo Noriega, que sale en otro papel en esa misma película. A mí no me resulta creíble que el típico capitán español de esa época sea Viggo Mortensen, en vez de ser moreno de piel y de pelo, ojos oscuros y con acento español. Pero, en caso de que por razones comerciales tuviera que ser Viggo Mortensen, doblarlo hubiera sido esencial. Sobre todo, porque no se le entendía ni la mitad de lo que decía.