miércoles, 31 de octubre de 2007

Misión imposible: visita a La última cena de Leonardo

Habíamos dejado ayer a unos 25 japoneses cámara en ristre esperando entrar al refectorio de Santa Maria delle Grazie, como al vizcaíno y a Don Quijote en la pelea que narra magistralmente Cervantes. El acceso era más complicado de lo que nosotros, en principio, hubiéramos sospechado. Se abrió una puerta que daba acceso a un claustro y los visitantes fuimos apelotonándonos frente a una puerta de cristal que estaba cerrada a cal y canto. De repente, se oyó algo en italiano que yo no entendí o que no recuerdo ahora y entraron varias personas que se habían quedado atrás. Cuando estuvimos todos juntitos, se cerraron las puertas que teníamos a nuestra espalda y entonces pudimos pasar a otro habitáculo acristalado semejante en el que se repitió la operación. Menos mal que las paredes eran de cristal, porque yo llevaba mi claustrofobia, como siempre, a cuestas. Las puertas de la segunda cabina se abrieron y por fin pudimos entrar en el refectorio con la sensación de estar en la piel de Tom Cruise en Misión: imposible. Los monjes que comían allí jamás hubieran imaginado las extrañas cosas que habría que hacer para acceder al lugar. Al entrar en la sala rectangular nos golpeó una bocanada de aire frío, idónea para la conservación de la pintura y para coger una pulmonía letal. Pero la vista merecía la pena. De buena gana hubiera comido allí un buen cocido contemplando con demora los dos frescos, Il cenacolo de Leonardo y La crocifissione de Donato Montorfano. Sabíamos que podíamos disfrutar de la vista quince minutos. Los japoneses quisieron disfrutar del momento como mejor saben: haciendo fotos. Saltaron varios flases en los primeros instantes de la visita (o de la contemplación) hasta que una cuidadora gritó "No foto" con la voz más desabrida del mundo. Cualquiera sacaba la cámara. Yo, que estaba preparado para desenfundar a más velocidad que John Wayne y Lucky Luke juntos, no me atreví, y pude comprobar en el cuarto de hora que duró la visita que el valor guerrero es cosa de película de Hollywood. Nadie osó contradecir a la matrona romana de voz intimidatoria.
La última cena abrumaba. La perspectiva es tan perfecta que los comensales parecen estar realmente ante los visitantes en un trozo de sala que en realidad no existe; o sí existe, sólo que es un fresco.


A la salida, el mismo numerito del habitacolo acristalado vinciano. Esperando a que se cerrara la dichosa puerta trasera para que se abriera la de delante y nos dejara casualmente en el elemento que no falta en cualquier museo que se precie, la tienda, me pregunté a qué venían esas medidas de seguridad si ni Eric el belga en sus mejores tiempos habría logrado robar el cuadro, que era en realidad una pared de más de cuatro metros por más de ocho. Mientras me alejaba en dirección al Duomo, a la imponente catedral de Milán, no podía quitarme de la cabeza la imagen de los apóstoles ante el inquietante anuncio de su maestro: "Uno de vosotros me va a traicionar".

martes, 30 de octubre de 2007

La última cena de Da Vinci y San Ambrosio de Milán

San Ambrosio


El verano pasado, en Milán, en pleno furor mediático de El código da Vinci, la exitosa novela de Dan Brown que muchos han querido convertir en un libro de historia antigua y medieval, me acerqué a ver uno de los iconos de la capital lombarda: La última cena de Leonardo, que se encuentra en el refectorio del monasterio de Santa Maria delle Grazie.

Recuerdo que Adela y yo nos refugiamos de la lluvia de aquella tarde en el claustro del monasterio y que llegamos a la taquilla a través de su iglesia. El precio de la entrada para ver exclusivamente La última cena costaba nada menos que seis o siete euros y podíamos considerarnos afortunados de haber encontrado entradas para ese mismo día en el último pase. Como nos quedaban un par de horas para enfrentarnos a una de las obras maestras del Renacimiento italiano, nos acercamos hasta la iglesia de San Ambrosio, próxima a Santa María. Poco queda ya de la basílica en la que San Ambrosio de Milán daba misa diariamente en el remoto siglo IV de nuestra era. El templo poseía no obstante el embrujo que otorga el poso de la historia, lugar clave del primer cristianismo y del canto gregoriano (San Ambrosio bautizó nada más y nada menos que a San Agustín y el himno es creación de la liturgia ambrosiana).

Bajo las nubes negras que habían declarado una breve tregua a los turistas que visitábamos Milán, el templo oscuro ofrecía varias maravillas difuminadas entre las tinieblas. Sobre todas, destacaba el retablo de oro. Debajo, en la cripta, descansaban los restos de San Ambrosio entre los de los mártires milaneses Gervasio y Protasio, tumbados y vestidos como si los esqueletos acabaran de dormirse: el trío Calaveras, me dije sin poder reprimir a mi descreído cerebro.

San Ambrosio, Gervasio y Protasio
Volvimos a Santa Maria delle Grazie por las adoquinadas calles surcadas por los viejos tranvías de la ATM. Apostados ante la entrada, unos veinticinco o treinta japoneses armados de tecnología nipona hasta los dientes esperaban su turno, que era el nuestro. Pero de eso, como se alarga el texto, hablaremos mañana.

domingo, 28 de octubre de 2007

Cincuenta años sin Humphrey Bogart

Se ha cumplido en enero de este año el quincuagésimo aniversario de la muerte de uno de los actores más recordados de Hollywood: Humphrey Bogart. Había nacido como regalo de Navidad en la populosa Nueva York dos años antes del nuevo siglo. Su carrera como actor de cine fue tardía: su primer gran éxito como protagonista, El último refugio, data de 1941. Su consagración llegó dos años más tarde con Casablanca, aunque entre ambas películas rodó otra obra maestra, El halcón maltés. junto a John Huston. Con él formó una pareja muy provechosa para el mundo del cine: El sueño eterno, El tesoro de Sierra Madre o La reina de África dan fe de ello.

En los años 40 encarnó muchas veces al tipo duro de fondo sensible y altruista al que da vida en Casablanca. No fue el único: Edward G. Robinson o James Cagney interpretaron papeles de semejante carácter en los años 30, cuando Bogart tenía que conformarse con papeles secundarios de malo malísimo en maravillosas películas como Los violentos años 20 o El bosque petrificado. Pero el artista neoyorquino demostró su talento en otras interpretaciones fabulosas: la del inestable Dick Steele en En un lugar solitario o la del viejo borracho de La reina de África; representó con maestría la locura de un capitán de barco en El motín del Caine, la avaricia neurótico-obsesiva de un buscador de oro en la ya citada El tesoro de Sierra Madre y bordó papeles cómicos como los que interpreta en La burla del diablo o en Sabrina.

Humphrey Bogart fue uno de mis ídolos de adolescencia. Seguía con ansia la colección que compraba mi hermano Diego, veía las películas con enorme interés y leía su biografía por entregas en cuanto el fascículo aparecía por casa; incluso bautizamos a un curioso personaje de Rioseco con el nombre de Humphrey pronunciado a la castellana. Su vida me parecía tan interesante como sus películas, especialmente su oposición frontal a la caza de brujas del senador McCarthy, aunque acabara colaborando con el Comité de actividades antiamericanas, que habría declarado comunistas hasta a los lunnis.

Hace medio siglo ya que un cáncer devoró sus entrañas llenas de espeso humo y de amargura de whisky, pero su figura ha ganado con el paso del tiempo. No en vano, el nombre de Humphrey Bogart aparece siempre en los primeros lugares de las listas de los mejores actores de la historia.

sábado, 27 de octubre de 2007


Por fin he visto la película que ha revolucionado la cartelera del cine en España y que ya ha vendido los derechos a una productora estadounidense para realizar la refundición hollywoodiana pertinente. La película de Juan Antonio Bayona contiene todos los ingredientes del género del suspense mezclado con el de fantasmas: la acción transcurre en un antiguo orfanato, que es una casona enorme y decimonónica, como la de Los otros o, más lejos en el tiempo, la de Norman Bates en Psicosis. No hace falta ser Íker Jiménez para darse cuenta a cien kilómetros de distancia de que la mansión que compran Belén Rueda y su esposo tiene todas las papeletas para ocultar en su interior fantasmas, ectoplasmas, gnomos y cualquier otra criatura sobrenatural que se precie de no existir. El paisaje que rodea a la casa, incluido un faro en desuso, redondea el ambiente que necesita la historia para intensificar el suspense.

Al igual que en Los otros y en otras películas (relativamente) recientes como El sexto sentido, el mundo real y el mundo de ficción se entremezclan a los ojos del espectador sin que se explique nada; muy al contrario, esa mixtura pretende mantener engañado al receptor hasta que se produce el otro gran ingrediente de este tipo de cine: el final sorprendente, que modifica totalmente la perspectiva desde la cual ha de interpretarse toda la película. Este ingrediente no es exclusivo de este género y además es muy común en el cine de los últimos años. En algunos casos, la regresión es una estafa, como en La sombra de un secuestro, casi imposible, como en Ocean's Twelve, o difícil de digerir, como en Nueve reinas; en otras películas, sin embargo, parece más factible, como en Los otros, en El sexto sentido o en El ilusionista. En cualquier caso, el espectador (o yo, por lo menos) sale con la impresión de haber sido engañado vilmente por guionista y realizador, que se encargan de dirigir nuestra atención hacia los elementos que distorsionan nuestra comprensión de la historia hasta que, al final y sólo al final, nos muestran la clave para atar todos los cabos sueltos.
Con todo, El orfanato funciona perfectamente como película. Mantiene el suspense hasta el último momento y todos los puntos que se lanzan a lo largo de la obra se resuelven con maestría en los últimos planos. A fin de cuentas, El orfanato como dice Paul Giamatti en El ilusionista, es un truco, una ilusión, una magnífica jugada de trileros; en definitiva, un producto de nuestra imaginación.

jueves, 25 de octubre de 2007

Matas un gato y te llaman mataperros, o viceversa.


Todos sabemos que un idioma no se habla de la misma forma en todos los lugares en los que se usa. Así aparecen las variedades dialectales. El nivel léxico-semántico (el vocabulario, por resumirlo salvajemente) es el más propenso a sufrir cambios. Algunos son muy poco significativos, pero fueron esos precisamente los que más llamaron mi atención cuando vine a vivir a Andalucía. Por ejemplo, Moisés, un compañero del instituto Medina Azahara de Córdoba, me dijo delante de un café quemado al estilo cordobés: "Matas un gato y te llaman matagatos". Yo, que en Rioseco, Valladolid y demás Castillas y Leones había escuchado siempre "Matas un perro y te llaman mataperros" (el de la foto está a prueba de canófobos), me quedé extrañadísimo y con la sensación de que Moisés había cambiado la frase para tomarme el pelo.
Otra expresión que parece querer llevar la contraria (de unos a otros o de otros a unos) es la de hijo/hija o padre/madre. En muchas partes de España se utiliza el hijo/hija como vocativo para nombrar a una persona cuyo nombre se desconoce o no se quiere decir por las razones que sea. Lo dicen mucho los dependientes de Zara, El Corte Inglés y compañía: "Toma, hijo, la camiseta". Pero en algunos lugares de Andalucía (desde luego Córdoba, Sevilla...) la frase sería: "Toma, padre, la camiseta".

El 29 de junio de hace dos años recibí una llamada telefónica. Por el móvil escuché una voz lejanamente familiar: "Felicidades, padre". Como mi cumpleaños es en noviembre y yo no tenía hijos, le dije que se había equivocado. Mi sorpresa fue enorme cuando me respondió: "¿No eres Pablo?" No había ningún error. Resultó ser el entrañable cura con el que había compartido tres años de guardia de recreo, amén (nunca mejor dicho) de otros muchos momentos y risas en el instituto de La Puebla de los Infantes. Y resultó que el día en cuestión era San Pedro y San Pablo, y, por tanto, mi santo, motivo de felicitación corriente por estos lares. Y resultó, finalmente, que su padre era mi hijo. Y que desde entonces espero con fervor que se me aparezca el Espíritu Santo en forma de paloma. O algo parecido.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Ilegalizar Matrimoniadas, léase Escenas de matrimonio (microencuestas de La Blogse)

Esta semana, la microencuesta de La Blogse arroja un resultado que no deja de ser sorprendente si lo comparamos con las audiencias millonarias que cosecha el programa en cuestión en todas sus emisiones. De la mano de un alto cargo de la policía británica, que pedía la legalización de las drogas, este blog preguntaba qué podría ilegalizarse para compensar dicha despenalización. La mayor parte de nuestros lectores (el 34%) apoyaría la ilegalización rotunda, absoluta e inmediata de Escenas de matrimonio, novedosísimo programa anteriormente conocido como Matrimoniadas, por encima de las demás opciones de la microencuesta: las ruedas de prensa de Pepiño Blanco, a la misma altura que los coches tuneados (24%).
Curiosamente, los blogseros prefieren los atascos (sólo un 17% de votos), quizá porque entre los encuestados impera el realismo ante los acontecimientos inevitables de la vida: la muerte, la hipoteca y los atascos en las grandes ciudades. Las "retenciones", además, se pueden usar para muchas cosas. Es cuestión de organizarse: leer el periódico, maquillarse, hablar por el móvil, usar el portátil, tomar un café de termo calentito, hacer pesas... son algunas actividades que cualquiera puede realizar en un situación así. Hasta cursos de CEAC o de CCC habrá hecho algún conductor espabilado aprovechando el tiempo libre que dejan los atascos. En los embotellamientos (no había palabra más fea), todo el mundo acaba haciendo lo que le da la gana. Se respira un ambiente de amplitud y de libertad como en pocos sitios, más ahora que está de moda pedir la erradicación o la retirada de aquello que nos molesta o con lo que no estamos de acuerdo. Por ejemplo, la Federación de Mujeres Progresistas ha exigido a Telecinco que retire Escenas de matrimonio. Nosotros sólo queríamos que fuera ilegalizado... simbólicamente. No queremos amargarle la "fiesta" a cuatro millones de personas.

martes, 23 de octubre de 2007

Soledad sonora



Soledad sonora es el último disco de mi hermano Diego con obras para piano de Pedro Aizpurua, compositor vasco afincado en Valladolid desde hace muchos años y de cuya sabiduría pude aprovecharme en las clases de Formas musicales que impartía en el Conservatorio de Valladolid.

El título se basa en un verso del "Cántico espiritual" de San Juan de la Cruz, que ha inspirado a muchos escritores (Emily Dickinson, Antonio Gala o Juan Ramón Jiménez). El verso está encuadrado en una oración que dura dos estrofas (tan maravillosas como el resto del poema, obra maestra de la literatura universal) y que se refiere al Amado, o sea, a Dios, elemento no exento de significado en este caso, ya que Aizpurua es sacerdote.

Mi Amado las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos,

la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

(San Juan de la Cruz)

La presentación del disco es mañana a las 20:15 en Valladolid (salón de actos de Caja España en Fuente Dorada).






lunes, 22 de octubre de 2007

El protagonista de las películas de cine negro

Esta tarde he estado en Córdoba y, al pasar por el IES Medina Azahara, instituto en el que me inicié en el proceloso mundo de la educación, he recordado una anécdota que me ocurrió en un examen que les hice a unos alumnos de 1º de ESO (de en torno a 12 años). En el grupo había varios chavales poco trabajadores, pero con una gracia especial que hacía que muchas clases fuesen divertidas. El más gracioso era un gitanillo que se llamaba Natanael, pero al que todos llamaban Nati.
En 1º de ESO hay un tema en el que se tratan diversos subgéneros literarios, entre ellos la novela negra y, por extensión, el cine negro. En el examen de la unidad, les pregunté quién solía ser el protagonista de las películas del cine negro. Casi todos los alumnos contestaron correctamente: un detective o un policía.

Después de varios años sin dar ni golpe, Nati debió de leer las preguntas del examen con mucha rapidez para dejarlo, como en otras ocasiones, en blanco. Pero esa vez ocurrió algo especial. Nati se levantó como una exhalación de su asiento y dijo: "Esta me la sé, don Pablo, esta me la sé" (los únicos alumnos que me han llamado así, por cierto). Se acercó a mí braceando emocionado y me señaló la pregunta que se sabía. Yo la leí: "¿Quién es habitualmente el protagonista de las películas de cine negro?". Le hice un gesto para que no revelara la respuesta a sus compañeros, que seguían haciendo el examen. Nati habló con la entonación especial que empleaba habitualmente (y que a final de curso tenía media clase), una mezcla de rapero de Harlem y de flamenco de Triana apoyada en los pronunciados movimientos de su cuerpo: "Se lo voy a decir bajito, don Pablo, para que no se enteren todos estos, que están con el oído ahí, intentando copiarse". Y soltó su respuesta: "Don Pablo, el protagonista de las películas de cine negro es... Morgan Freeman". Recuerdo a Nati intentando convencerme de que esa era la verdadera respuesta a pesar de la carcajada descomunal que salió de mi boca. Pobre Nati, le había traicionado hasta la única pregunta que se había sabido en todo el año.

domingo, 21 de octubre de 2007

No ha podido ser

Fernando Alonso no ha podido revalidar su título de campeón de Fórmula 1 hoy en Brasil. Finalmente se impuso el tercero en discordia, el hombre de hielo que estaba al acecho de los McLaren y que finalmente, y tras varios años de verlo pasar de cerca, ha conseguido el título mundial. Fiel a su carácter, el finlandés lo ha celebrado sin muchos aspavientos, aunque una incipiente sonrisa en el rostro de Kimi Raikkonen significa mucho.

Desde el principio se pudo comprobar que Alonso no disponía del coche necesario para disputar la victoria y que sólo un milagro le conduciría al título. El primero se presentó en la primera vuelta, tras la fantástica salida del español y la pérdida de dos puestos de Hamilton. El inglés dio pruebas de no ser el hombre de nervios de acero que él cree y se comió la hierba al intentar pasar a su compañero en la curva siguiente a la del adelantamiento de Alonso. Hamilton se repuso y se encontraba en posiciones favorables para sus intereses, cuando sucedió el segundo milagro: una avería momentánea en la caja de cambios consecuencia de la salida de pista de la primera vuelta. Con Hamilton en la decimooctava posición, el problema para Fernando eran los Ferrari. Como era lógico (aunque supuestamente no esté permitido), Ferrari se las arregló para que Raikkonen superara a Massa en los repostajes y consiguiera así la victoria en la carrera y en el campeonato, con Alonso tercero y Hamilton séptimo.

Para muchos aficionados españoles, la victoria de Raikkonen es el final menos malo a una temporada convulsa para McLaren y para Fernando Alonso. Es la penitencia que en McLaren deben pagar por la bisoñez y vanidad de Lewis Hamilton, la arrogancia y parcialidad de Ron Dennis y la charlatanería de Ecclestone. El problema es que éstos, sobre todo Dennis, se han llevado por delante las posibilidades de Fernando de lograr por tercera vez consecutiva el título. Mucho han de reflexionar sobre este fracaso los máximos responsables de McLaren. También Lewis Hamilton, a quien este fracaso puede pasarle factura en próximos campeonatos. Es el mejor novato de la historia, pero hoy se le habrá quedado una cara de tonto difícil de superar: es el único piloto que dilapida en dos carreras una ventaja de 17 puntos. Dicho con palabras de José Luis Torrente, Hamilton ha actuado "como un novato, como un gilipollas".

El más difícil todavía

Al terminar el Gran Premio de China, Fernando Alonso se agarraba a la necesidad de un nuevo milagro para ganar el Mundial de Fórmula 1 de este año, pero, tras el fin de semana y, especialmente, tras las sesiones de clasificación de ayer en Interlagos (Sao Paulo), parece que el milagro está cada vez más lejos o, por el contrario, que ha de ser más espectacular. Es evidente que Hamilton tiene el título bastante encarrilado. Sus dos máximos rivales están detrás de él en la parrilla de salida, y eso otorga una gran ventaja como hemos podido ver a lo largo de todo el mundial, salvo en los grandes premios en los que la lluvia ha hecho su aparición.
Ayer Hamilton volvió a hacer de las suyas (luego dice que sólo ha cometido un error este año: el de Shangai) y estorbó a Raikkonen en su vuelta rápida, pero todos sabíamos que su falta no iba a ser sancionada de ninguna forma pese a que el año pasado un incidente similar le costó a Fernando Alonso la nada desdeñable cantidad de diez puestos en la parrilla. No voy a comentar, por sabidas, las ventajas que FIA, comisarios y McLaren han otorgado a Lewis Hamilton en detrimento no sólo de Alonso, sino del resto de pilotos, que ya parecen tomarse a broma las investigaciones de la Federación sobre el mimado piloto inglés. Ayer, en el enésimo episodio de "No toquéis a mi niño", Ron Dennis y papá Hamilton se permitieron el lujo de reprender duramente a una periodista francesa por haberle preguntado a su protegido si consideraba que su actuación había sido deportiva teniendo en cuenta que había perjudicado a uno de sus máximos rivales. Tras la bronca, la insolente periodista salió llorando. No se percató de que estaba hablando con el único piloto del mundo que tiene dos padres y muchos simpatizantes entre los mandamases de la F1. Que se lo pregunten al parcialísimo Ecclestone.

¡Ánimo Fernando! ¡A por el triplete!

viernes, 19 de octubre de 2007

Dos hombres, dos vídeos y un destino

La Blogse ha demostrado una vez más su vocación de blog visionario. Hablamos aquí hace diez días, en pura primicia de un tema que ha acaparado los noticiarios de radio y televisión, y las portadas de la prensa española. Hasta ayer, nadie daba un duro por este asunto, que no es otro que el de la pronunciación del archifonema Z a final de sílaba, en este caso a final de palabra. Por este tema se apostaba menos que por la victoria final de Kimi Raikkonen este domingo; La Blogse ya trató de él el 9 de octubre.
El Presidente del Gobierno reconoce en un ya celebérrimo vídeo que pronuncia mucho la z, pero sus conocimientos de dialectología española no le dan (como es lógico) para saber que ese rasgo fonético es típico de grandes zonas de Castilla y León. Es curioso que un fonema inexistente en muchos idiomas y en muchos dialectos del español haya calado de tal forma en el castellano de Castilla. Casi parece que, inconscientemente, estos hablantes hayan convertido el sonido z en una enseña, en un rasgo de identidad, lo mismo que han hecho Zapatero y sus asesores en esta precampaña tan proclive a los vídeos.

Los dos grandes partidos han demostrado que saben hacerse oposición hasta en la propaganda audiovisual: Rajoy usurpando una solemnidad que no le corresponde y Zapatero mostrando una ligereza impropia de un presidente del gobierno buscando el voto. Aunque, puestos a elegir, prefiero el mensaje de insoportable buen rollo de Zapatero que el pretendido mensaje institucional del líder de la oposición. Como si no tuviéramos bastante con el mensaje del Rey en Nochebuena (del que no salva ni el mando a distancia) y, en Andalucía, con la copia corregida, aumentada y aún más insoportable que es el mensaje a los andaluces de Manuel Chaves.

En relación con éstos, el vídeo institucional de Rajoy resultaba extemporáneo y bastante absurdo, pero sobre todo cutre, muy cutre. A su lado, el mensaje de Zapatero parecía rodado por Spielberg; el de Rajoy no lo habría firmado ni Ventura Pons.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Un patio de grillos

Ayer por la noche, ya no cantó el grillo que amenizaba nuestras noches, no encendió la oscuridad con su monótono cri cri, o gri gri (no sé bien, que no entiendo el dialecto de los grillos).

El grillo no cantó anoche, ni antes de anoche, y mucho me temo que su final no ha sido mejor que el de su predecesor, porque es complicadísimo salir del patio interior en el que él solito se había recluido, y más aún salir vivo si se es un grillo macho de alas estridentes.

Hace dos semanas, en medio de la plaga de grillos que asolaba Palma del Río, me desperté más tarde de las tres de la mañana (des)arrullado por su canto de amor, que se me estaba clavando en los tímpanos entre la oscuridad de la noche y el sopor del insomnio. A la media hora de conciertazo, se oyó el crujir de una puerta y salir a alguien (quizá el mismo Fernando Argenta). Acto seguido, el noctámbulo descargó un furioso zapatillazo sobre el infeliz enamorado. Volvió todo junto: el silencio, el descanso, la alegría y el gozo: la carga de la infantería ligera había realizado su misión con éxito.

La brigada no fue, sin embargo, tan eficiente con el grillo que le sucedió en el cargo. Pasaron noches y más noches (¿por qué los grillos son nocturnos?, ¿por joder?) y el grillo campaba a sus anchas como un topillo castellanoleonés. Daban ganas de gritarle por la ventana que cómo se iba a comer un colín con esa mierda de canción que cantaba, todo el tiempo igual, pero, como he dicho antes, desconozco el dialecto de los grillos. Además, era imposible que una grilla alcanzase el patio donde se encontraba el feroz amador de cricris amplificados. Por el volumen podría haber atraído a hembras de varios kilómetros a la redonda, todas alrededor del edificio suspirando por el Ricky Martin de la especie. El ruido era tan descomunal que una noche me dio la tentación de llamar a la Policía Local para que midiera los decibelios del grito del colega. Hubiera sido desternillante que lo hubieran detenido y encarcelado después, cómo no, en una jaula de grillos.

Mejor le hubiera ido, porque las ganas de echar un polvo (pobrecillo, si él sólo pretendía perpetuar su especie) le han costado la vida. Su cadáver aparecerá, tarde o temprano, aplastado en una cuneta, como los de los chivatos de la mafia, por haber cantado más de la cuenta.