lunes, 15 de octubre de 2007

Paisaje de otoño con viento de levante (y sin foto)

Desde la cota más alta del pueblo, el mar (la mer) aparecía más oscuro que nunca, enemigo absoluto del anodino azul del cielo. En la inmensa playa de los Bateles, lengua de arena de varios kilómetros de longitud, el viento de levante (que fijó su residencia hace milenios en el estrecho y tierras aledañas) removía millones de granos y los lanzaba a morir a la mar como miles de diminutos lemmings suicidas. La arena flagelaba continuamente nuestras piernas exfoliadas por naturaleza y huía como un tironero de bolsos en una gran ciudad. El viento había robado la más próxima a las aguas y dejado al descubierto la base, la arena compacta y húmeda, rugosa como si el frío le hubiera puesto la carne de gallina. Aún había allí mucha arena seca, cuya claridad se destacaba sobre la tierra húmeda como ríos que iban a dar en la mar, como serpientes huidizas que buscaban presas bajo las aguas sin término, en la calma insondable de las profundidades abisales. En la superficie, olas de dos metros cuyas crestas pulverizaba el ansioso levante lamían nuestros pies ligeramente hundidos en la orilla y formaban constelaciones, estrellas, miles de diamantes fugaces al retirarse de nuevo hacia la mar bañada por el brillo del sol.
El levante resonaba profundamente en nuestros oídos y tañía en ellos una melodía de infierno. A la izquierda, ascendiendo por la colina, la mancha blanca de Conil miraba gallardamente hacia el océano en el que hace doscientos años tuvo lugar la batalla naval más pavorosa que vieron los siglos.

9 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Qué magnífica pintura de paisaje, Pablo: aun huele a oleo fresco.

Nuria. dijo...

Qué bien escribes!! Espero que el puente desconectaras y descansaras.
un beso.

Pablo A. Fernández Magdaleno dijo...

Gracias, Pedro.
Nuria: sí, he desconectado y lo he pasado muy bien. Lo mismo digo.

Un abrazo.

Diego Fernández Magdaleno dijo...

¡Quietos ahí!

Álvaro Fernández Magdaleno dijo...

Eres un fenómeno, seguro que dentro de algunos años, en una noche como esta, estaremos impacientes esperando a que te den el premio planeta.
Un beso,
Álvaro

PeSeTuCa dijo...

Muy buena la descripción ;D Aún huele a mar !!!

nerea dijo...

Ves? ya sabia yo que después del puente tendría algo bueno que leer. Como siempre, con tu relato, consigues que estemos allí donde tú has estado.

Besicos!

Mityu dijo...

Vengo a devolverte la visita y me encuentro con un lugar pulcro, parcelado en sus ofrecimientos, con una pluma ágil sin llegar al atolondramiento, descriptiva sin llegar al cansandio. Bien me conozco esa exfoliación del Levante sobre las piernas.
Me ha gustado mucho tu espacio, tus entradas, llenas de ponderación, reflexión... y un amor imposible de disimular por la filología.
Un saludo, y gracias por compartirte.

muchadela torre dijo...

Gracias por tus palabras te sigo y te dejo flores.