Parece que la misma suerte que está corriendo la palabra viajante, de la que hablamos aquí en días pasados, le espera a mi pobrecito adjetivo honrado y a su sustantivo correspondiente, honradez, de manera que habrá que modificar en las adaptaciones de los clásicos el nombre de las obras de teatro y escribirlas tal y como aparecen en el título de esta entrada. El delincuente honrado y Los ladrones somos gente honrada han muerto; vivan El delincuente honesto y los ladrones honestos.Llevo varios días explicando a mis alumnos que la lengua y la literatura son productos de la sociedad que las crea y, pensando en el porqué de tamaña desaparición o de tamaña sustitución, por decirlo más exactamente, quizá se deba a que el mundo de hoy es menos honrado que el de ayer (véase Lehman Brothers and company), pero, por otro lado, tampoco puede decirse que sea más honesto.
En el diccionario de la RAE, honesto aparece como sinónimo de honrado sólo en la cuarta y última acepción. Honesto era, principalmente, la persona pudorosa o decorosa. Pero la diferencia con honrado ha acbado por desaparecer, así que los hablantes han optado por eliminar una de ellas, especialmente políticos y periodistas, que es de quienes ha partido esta asimilación.
Quizá se haya preferido honesto a honrado porque la honradez se asocia un poco a la pobreza. De ahí la frase "Soy pobre pero honrado", que algunos cambian por la más expresiva "Soy pobre pero limpio", como si hubiera alguna oposición entre ambas palabras. Es la honradez del villano, la honra que proclama poseer Pedro Crespo en El alcalde de Zalamea, Peribáñez y tantos otros personajes de nuestro teatro clásico y que algunos mandamases le negaban al pueblo.
Pero yo ya he aprendido la lección. Si los ricos son honestos, habrá que imitarlos, a ver si nos cae algo. Aunque, pensándolo bien, no entiendo por qué se dice lo de "Soy pobre pero honrado". Más adversativa sería, sin duda, y más en los tiempos que corren, si dijera: "Soy rico, pero honesto".


