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lunes, 5 de mayo de 2008

Sherlock Holmes (III) (Holmes y House)

Tercera entrada sobre Sherlock Holmes y espero que la última, porque si no, el blog deberá cambiar de nombre inmediatamente.

En alguno de los post anteriores comenté que numerosas series policíacas eran deudoras del inmortal personaje de Conan Doyle, pero hay una serie muy alejada del mundo detectivesco que también ha tomado algunos rasgos suyos. Los creadores de House han dicho explícitamente que el protagonista de su serie está basado en Holmes y, de hecho, en internet puede encontrarse una foto de Hugh Laurie (el actor que encarna magistralmente al incívico Gregory House) con los atuendos típicos del investigador inglés.
El nombre de House está tomado precisamente de Holmes, que se parece a home, casa en inglés como House (sus confidentes son Watson y Wilson). Aparte de este detalle, el parecido entre ambos se reduce, a mi modo de ver, a la capacidad deductiva que demuestran cada uno en su ámbito y a la desgana que les provoca la vida sin enigmas que pongan a prueba sus cualidades mentales y que, a su vez, les conduce al consumo de drogas. House aborda sus diagnósticos como un investigador privado. En múltiples ocasiones, sus ayudantes o él mismo allanan la morada del enfermo en busca de pruebas que le permitan orientar su diagnóstico, dado que sólo le llegan casos de pacientes desahuciados. Con ellos, como Holmes con sus misterios, House se pone a prueba. Son misterios médicos.
Son semejanzas importantes, pero House es muy diferente a Holmes en otros aspectos. El médico tiene un carácter intratable. Es ingenioso, pero también desagradable, antipático, grosero y carece totalmente de tacto. Sus decisiones están a menudo teñidas de arbitrariedad. Holmes usa con frecuencia la reducción de opciones hasta la más lógica. House suele hacer exactamente lo contrario. El investigador inglés, al contrario que el médico norteamericano, es un gentleman. Consume cocaína (al menos en El signo de los cuatro o La señal de los cuatro), pero eso no afecta a su relación con el doctor Watson ni con el resto de sus congéneres, que es exquisita. Todos sus conocidos reconocen sus excepcionales cualidades, lo estiman y respetan. De esto último no puede presumir Gregory House; y cada vez menos, porque las frases demoledoramente ingeniosas que repartía por doquier en la primera temporada, han ido desapareciendo paulatinamente. Y, sin frases geniales, House no es más que un médico maleducado y egocéntrico que parece disfrutar maltratando a sus pacientes, a los que, por cierto, salva demasiadas veces de pura chiripa.



Cuatro, tras varios meses de promesas baldías, ha comenzado a emitir la tercera temporada.

jueves, 24 de abril de 2008

Sherlock Holmes (II)

Unamuno decía que, pese a lo que se pensaba, había sido don Quijote el que había creado a Cervantes y no al contrario, y con Sherlock Holmes y Arthur Conan Doyle me parece que estamos en el mismo caso. De hecho, el detective de ficción se le escapó de las manos al escritor real. Como los seis personajes de Pirandello, Sherlock Holmes pasó un tiempo en busca de su autor, que se había empeñado en hacerle desaparecer del mapa con el egoísta propósito de que su sombra cada vez mayor no acabara oscureciendo su realidad cada vez más pequeña. Unamuno pudo matar definitivamente al inolvidable Augusto Pérez de Niebla, pese a sus vanos sueños de existencia, pero el escritor británico no pudo hacer lo mismo, porque para entonces Sherlock Holmes estaba tan vivo y había alcanzado tanta fama que a Conan Doyle no le quedó otro remedio que resucitarlo a regañadientes.

lunes, 21 de abril de 2008

Sherlock Holmes (I)

Durante toda mi vida he sido un asiduo lector de novela negra. Leí en mi adolescencia Los crímenes de la calle Morgue, de Poe, y algunos años más tarde me hice con más de veinte novelas de Maigret por poco más de 2000 pesetas. Me interesaban por aquel entonces las obras de Hammet, de Chandler, de Agatha Christie..., pero hasta hace un par de semanas nunca me había acercado a la legendaria figura de Sherlock Holmes; quiero decir a la obra literaria de Conan Doyle, porque ya había visto El perro de los Baskerville y la interesante (aunque algo sobreestimada, en mi opinión) película de Billy Wilder titulada La vida secreta de Sherlock Holmes. Poco quedaría de secreto en su vida si Holmes y Watson hubieran vivido en esta época de descerebrado periodismo rosa. Pero Holmes tuvo la suerte de nacer en un momento histórico muy diferente al nuestro. La suerte o la desgracia, porque los avances actuales le hubieran permitido disponer de medios que le habrían acercado más rápidamente a la resolución de los más inescrutables enigmas.

La deuda que tantas series policíacas tienen con Conan Doyle es enorme. No obstante, siempre me ha sorprendido que la lógica empírica logre descifrar cabalmente los actos de los seres humanos, tantas veces gobernados por el azar y el absurdo.