martes, 27 de mayo de 2008
Inverosimilitudes de cine (II. Sunshine, 1999)
lunes, 26 de mayo de 2008
Inverosimilitudes de cine (I. Alatriste)
Cuando termina una película, la gente suele levantarse inmediatamente de sus asientos sin esperar a los títulos de crédito. Los que permanecen sentados viendo pasar nombres y más nombres, saben que los títulos de crédito duran al menos cinco minutos. Toda esa gente trabaja, cada uno en su campo, para que el resutado de la película sea óptimo y, sin embargo, internet está lleno de gazapos en los que no ha reparado ninguno de los cientos de ojos responsables del resultado final: un reloj en manos de un gladiador romano, copas que se vacían y se llenan por arte de magia, Humphrey Bogart en la puerta del tren con la gabardina seca un segundo después de que le hubiera caído encima el mismísimo diluvio universal...Los errores son muchos y quizá cada película pueda presumir del suyo. Pero a veces el fallo no es consecuencia de un descuido, sino absolutamente consciente, y en estos casos el error es, por eso mismo, más grave, porque afecta a la propia estructura de la obra e incluso a su verosimilitud. No es verosímil, por ejemplo, que Diego Alatriste, soldado y mercenario español del siglo XVII, hable castellano con una extraña voz que no llega a enmascarar el acento extranjero de Viggo Mortensen. Yo no pude dejar de pensar en otra cosa en cuanto a Alatriste le tocaba abrir la boca, es decir, durante toda la película, que, por cierto, tenía un guión desaliñado y carente del más mínimo rastro de unidad y de sentido narrativo. Agustín Díaz Yanes debería haberle agradecido a Mortensen sus esfuerzos por adecuar su acento angloargentino al castellano de España y, acto seguido, comunicarle que lo mejor para la película (y hasta para su carrera) era que un doblador profesional se encargara de decir su papel. Pero Díaz Yanes no se atrevió a incomodar a Mortensen o, simplemente, se dejó deslumbrar por el rutilante brillo que desprenden las estrellas de Hollywood. La película, desde luego, se resiente de ello.

Viggo Mortesen es Diego Alatriste
martes, 27 de noviembre de 2007
And wait. And wait. And wait.
"Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, la Europa prisionera volvió los ojos con esperanza o con desesperación hacia la libertad de los EEUU. Lisboa se convirtió en el más importante punto de partida. Pero no todos podían llegar directamente a Lisboa. Así nació una tortuosa ruta de refugiados. De París a Marsella. A través del Mediterráneo a Orán. Y desde allí en tren, o a automóvil o a pie, bordeando África, hasta Casablanca, en el Marruecos francés. En ella, los afortunados, con dinero, influencia o suerte, pueden obtener visados y viajar hacia Lisboa. Y desde allí al Nuevo Mundo. Pero los demás esperan en Casablanca. Y esperan. Y esperan. Y esperan."Tras varios días esperando infructuosamente el nacimiento de Diego, uno se siente un poco como los personajes encerrados en Casablanca en busca de un salvoconducto. Esperamos, esperamos y esperamos. Sólo nos queda el consuelo de que, cuando el ansiado día vea la luz, asistamos al inicio de una gran paternidad...
domingo, 4 de noviembre de 2007
Los tripulantes del Girjet detenido en Chad o la fuerza del sino
domingo, 28 de octubre de 2007
Cincuenta años sin Humphrey Bogart
Se ha cumplido en enero de este año el quincuagésimo aniversario de la muerte de uno de los actores más recordados de Hollywood: Humphrey Bogart. Había nacido como regalo de Navidad en la populosa Nueva York dos años antes del nuevo siglo. Su carrera como actor de cine fue tardía: su primer gran éxito como protagonista, El último refugio, data de 1941. Su consagración llegó dos años más tarde con Casablanca, aunque entre ambas películas rodó otra obra maestra, El halcón maltés. junto a John Huston. Con él formó una pareja muy provechosa para el mundo del cine: El sueño eterno, El tesoro de Sierra Madre o La reina de África dan fe de ello.En los años 40 encarnó muchas veces al tipo duro de fondo sensible y altruista al que da vida en Casablanca. No fue el único: Edward G. Robinson o James Cagney interpretaron papeles de semejante carácter en los años 30, cuando Bogart tenía que conformarse con papeles secundarios de malo malísimo en maravillosas películas como Los violentos años 20 o El bosque petrificado. Pero el artista neoyorquino demostró su talento en otras interpretaciones fabulosas: la del inestable Dick Steele en En un lugar solitario o la del viejo borracho de La reina de África; representó con maestría la locura de un capitán de barco en El motín del Caine, la avaricia neurótico-obsesiva de un buscador de oro en la ya citada El tesoro de Sierra Madre y bordó papeles cómicos como los que interpreta en La burla del diablo o en Sabrina.
Humphrey Bogart fue uno de mis ídolos de adolescencia. Seguía con ansia la colección que compraba mi hermano Diego, veía las películas con enorme interés y leía su biografía por entregas en cuanto el fascículo aparecía por casa; incluso bautizamos a un curioso personaje de Rioseco con el nombre de Humphrey pronunciado a la castellana. Su vida me parecía tan interesante como sus películas, especialmente su oposición frontal a la caza de brujas del senador McCarthy, aunque acabara colaborando con el Comité de actividades antiamericanas, que habría declarado comunistas hasta a los lunnis.
sábado, 27 de octubre de 2007

do real y el mundo de ficción se entremezclan a los ojos del espectador sin que se explique nada; muy al contrario, esa mixtura pretende mantener engañado al receptor hasta que se produce el otro gran ingrediente de este tipo de cine: el final sorprendente, que modifica totalmente la perspectiva desde la cual ha de interpretarse toda la película. Este ingrediente no es exclusivo de este género y además es muy común en el cine de los últimos años. En algunos casos, la regresión es una estafa, como en La sombra de un secuestro, casi imposible, como en Ocean's Twelve, o difícil de digerir, como en Nueve reinas; en otras películas, sin embargo, parece más factible, como en Los otros, en El sexto sentido o en El ilusionista. En cualquier caso, el espectador (o yo, por lo menos) sale con la impresión de haber sido engañado vilmente por guionista y realizador, que se encargan de dirigir nuestra atención hacia los elementos que distorsionan nuestra comprensión de la historia hasta que, al final y sólo al final, nos muestran la clave para atar todos los cabos sueltos.domingo, 9 de septiembre de 2007
Remake versus refundición

Durante el Siglo de Oro y, especialmente en el siglo XVIII, los escritores de teatro españoles se basaban en obras anteriores y las daban a las tablas. Por ejemplo, El alcalde de Zalamea de Calderón es un remake de otro Alcalde de Zalamea escrito por Lope de Vega unos años antes. El gran éxito del teatro (de la Comedia Nacional), la profusión de escritores y la capacidad de escritura de algunos de ellos (con Lope a la cabeza, por supuesto) provocaron que pronto hubiera que recurrir a argumentos ya tratados por otros dramaturgos, en muchas ocasiones tomando partes del texto. Esa obra recibía el (a mi modo de ver) precioso nombre de refundición, que es el equivalente del actual remake (rehacer-refundir), con la ventaja de que a aquél no hay que adaptarlo ni a la fonética ni a la escritura del castellano.
En tercero de carrera, Irene Vallejo, a la que Pedro Ojeda recordará perfectamente, nos obligó a leer una refundición dieciochesca de El burlador de Sevilla firmada por Antonio de Zamora. Se titulaba No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague o El convidado de piedra, y no tengo la menor duda de que el título era lo mejor de un horrible drama de deslavazada y torpe escritura en el que primaba el aparato sobrenatural, es decir, los efectos especiales (nada nuevo bajo el sol), sobre los demás elementos teatrales, especialmente los literarios. Cuando lo leí, me pregunté sorprendido cómo era posible que hubiera tanta diferencia de calidad entre el original y la refundición, dado que ésta se había basado en la versión primigenia; pero luego encontré ejemplos actuales que me sacaron de mi asombro. Por ejemplo, Abre los ojos frente a Vanilla Sky. Esperemos que la refundición de Deliciosa Martha corra mejor suerte.
