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lunes, 23 de noviembre de 2009

La desaparición del cuyo entra en el Diccionario de Autoridades

Hace dos años largos, cuando comenzaba su intermitente singladura la Blogse, escribí una entrada titulada "En busca del cuyo perdido". Culpaba entonces a la prensa en general de la desaparición (en la escritura, porque en la lengua oral es irrecuperable) de ese determinante relativo que un día también fue pronombre (observable hoy como un fósil del Pleistoceno en un famoso poema de Quevedo) y que en la actualidad no es nada o casi nada.
Pero he aquí que, leyendo un texto de Julio Llamazares (protagonista también de los primeros titubeos de la Blogse), titulado El cielo de Madrid, descubro que algunos escritores también han optado por desterrar al cuyo del lugar que el castellano le había encomendado hasta nuestro tiempo.
"Pasados los dos primeros, de los que ni siquiera llegué a saber el nombre, tan rápido se pasaron[...]", escribe Llamazares sin lágrimas, sin sospechar que ha relegado al tímido y apocado cuyo al paro en tiempos de crisis, sin percatarse siquiera de que la frase "pasados los dos primeros, cuyos nombres ni siquiera llegué a saber" es más económica y más eufónica que la suya. Y sin saber tampoco que su frase podría ser empleada por un anti-Diccionario de Autoridades, al estilo de los primeros que elaboró la RAE, de palabras que han sido abandonadas por su propia sangre e inician el largo camino hasta petrificarse en materia de estudio de la paleontología.

(Julio Llamazares, en una imagen de www.elcorreodigital.com)

El aguijón en el vocablo

sábado, 20 de septiembre de 2008

Palabras perdidas (I): Muerte de viajante


Gregorio Samsa era un viajante que una mañana cualquiera se despertó convertido en un repelente insecto gigante. La historia de la Metamorfosis de Kafka no es muy verosímil en sí, aunque se hunda en el inconsciente del ser humano con la fuerza de un pozo petrolífero. Pero lo que más sorprendería de la frase anterior en el lenguaje actual sería la palabra viajante. Dudo de que la conozcan muchos de nuestros adolescentes. Fue condenada a muerte por ese empeño terco y tan de nuestros tiempos de ocultar las profesiones (o lo que sea) que carecen de un determinado nivel de prestigio bajo denominaciones eufemísticas absurdas.

Parece que uno se imagine al viajante conduciendo un coche obsoleto (pongamos un Renault 21, a lo sumo), un tipo triste y grisáceo de una España desaparecida de pensiones sin baño y bocatas para ahorrarse un duro en la comida.

Un día, los comerciales se abrieron paso a empellones como los profesionales modernos que eran, y destronaron de sus puestos a los viajantes, que eran ellos mismos, sólo que más viejos, más pobres y más tontos. Imagino que tuvo que haber un tiempo de crisis de identidad, como la de Gregorio Samsa, o como la de Julio Llamazares, entre el anodino y anticuado viajante y el dinámico y pujante comercial, pero la nueva raza fue extendiéndose por todas partes con la fuerza de los que han nacido para domeñar el mundo.

La primera víctima de su arrojo fue la palabra viajante, que camina con paso firme, como el elefante que presiente su fin, hacia el cielo de estrellas en el que viven los vocablos que ya no habitan en nuestras lenguas: el lánguido y añorado mundo de los arcaísmos.

jueves, 23 de agosto de 2007

Las siete diferencias

Además de la encuesta sobre los topillos, desde la Blogse proponemos este entretenido juego con el que matar las largas jornadas veraniegas. Descubra las diferencias entre el topillo que arrasa los campos de Castilla (ay, don Antonio) y el que arrasa los campos de León.

Microtus arvalis castellanensis




Microtus arvalis leonensis

Solucionario: hallen la respuesta de las siete diferencias preguntando a cualquier cargo electo de UPL o a don Julio Llamazares.


1. Toreando en el Ártico de Álvaro Fdez. Magdaleno.
2. Madrid de Diego Fernández Magdaleno.
3. Lunares de Luis Felipe Comendador.

sábado, 4 de agosto de 2007

Analogías sumarias




Algo muy extraño debe de estar pasando en este país (nación, nacionalidad, o meganación de naciones, qué sabemos nosotros) cuando escritores de la talla de Julio Llamazares dedican parte de su tiempo (varios artículos) a la cuestión del nacionalismo-regionalismo con recursos tan manidos como fuera de lugar. Siguiendo la moda al uso, no olvida don Julio la obligada alusión a Franco en los textos en los que se critica el centralismo castellano (es decir, centralismo es igual a dictadura), y mucho menos la comparación con alguna de las tragedias más desoladoras de la historia de la humanidad. Don Julio podría haber recurrido a la Guerra Civil, la represión franquista, el Holocausto nazi, pero en este caso se ha decidido por comparar un supuesto (y falso) acallamiento de la "cuestión leonesa" con los procedimientos de disuasión del bueno de Stalin. Mi ignorancia me ha impedido conocer las deportaciones de leoneses opuestos a la dictadura castellana a Siberia, o a los Ancares, donde también hace un frío que pela, ignoro las detenciones y ejecuciones sumarias, etc.
En su programa (lo vi en Sé lo que hicisteis), Manolo Giménez hizo una comparación de semejantes proporciones a ésta. Comparó las inundaciones de Villarrubia de los Ojos (creo), en la que cientos de personas perdieron sus casas (hay un barrio entero en construcción) con el anegamiento de su garaje.
Tal falta de perspectiva, más en un hombre de la talla de Llamazares, sólo puede explicarse en
el ambiente cargado, espeso, de identidades, valles, regiones, nacionalidades y naciones que salpican, empobrecen y lastran el progreso de este país.