En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar, ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.
Tras su lectura, Adela preguntó qué quería decir este poema y contestó una alumna:
La anécdota me trajo a la memoria el escolar (y conocidísimo) pasaje del Juan de Mairena en el que el alter ego de Antonio Machado le pide a un alumno que pase a lenguaje poético la frase "Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa". El muchacho escribe en la pizarra: "Lo que pasa en la calle".
¿El Soneto XXIII de Garcilaso viene a decir que lo que se han de comer los gusanos, que lo disfruten los cristianos? Bueno, más o menos. "No está mal", respondería el maestro.

