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martes, 13 de noviembre de 2007

El síndrome del siglo XXI

Ulises y las sirenas de Herbert Draper


Cada vez estoy más convencido de que lo que distingue a los seres humanos del siglo XXI de los de otras épocas es nuestra inaudita capacidad para padecer los más variados síndromes. Hordas de soterraños y ocultos psicólogos y psicoanalistas se encargan de sacarlos a la luz paulatinamente y con mucha prudencia, porque si los aislaran y comunicaran todos a la vez, de sopetón, no habría bicho viviente que escapara a los indeseables síntomas de una depresión de caballo.

No hay cambio de ánimo, por pequeño que sea, que eluda la acción globalizadora de estos creadores de sensaciones. Hace tiempo, algún eximio (dicho sea sin segundas) psicólogo comprobó que un amplio porcentaje de la población sufría bajón de ánimo, tristeza y conato de depresión cuando se incorporaba al trabajo tras las vacaciones. Aunque parezca mentira, a nadie, hasta ese momento, se le había ocurrido ponerle nombre a tal fenómeno y no desaprovechó la oportunidad de ascender en el mundo académico. Nacía así el llamado síndrome posvacacional (véanse sobre este tema los telediarios de Antena 3 de septiembre de todos los años), que enseguida formó pareja con el síndrome prevacacional, es decir, la inquietud que se produce ante la inminencia de las vacaciones. Yo hubiera completado el círculo de las vacaciones agregando a los citados síndromes el vacacional, que consistiría en una euforia incontenible y una alegría desbordante y contagiosa.

Por cierto, que las autoridades sanitarias aconsejan a quien no sufra estos "problemas" psicológicos que se mire el pulso y compruebe su respiración, porque es muy probable que sea un robot de Minority report que ignora su verdadera naturaleza artificial.

Considerar un síndrome estar depre por regresar al tajo, como diría David Cantero, tras unas placenteras vacaciones es lo mismo que llamar al dolor (físico y mental) provocado por un puñetazo el síndrome de la hostia bien dada.

Pero la moda es la moda. El último grito (¡ay!) es extraer de la mitología griega (o grecorromana) los nombres de los síndromes. Atlas y Ulises ya disponen del suyo. Con la facilidad con la que surgen, en breve, todos, dioses y hombres, disfrutaremos del nuestro.