Mostrando entradas con la etiqueta Juan Pérez de Montalbán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Pérez de Montalbán. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de noviembre de 2008

En el día de los Santos

DEL DOCTOR JUAN PÉREZ DE MONTALBÁN,
A LOPE FÉLIX DE VEGA CARPIO, ENCARECIENDO EL DESEO QUE TUVO DE QUE VIVIERA.
Si a darte vida mi dolor bastara,
con mi dolor de mi dolor muriera,
y porque mi dolor el mayor fuera,
géneros nuevos de sentir buscara.
Si la vida se diera o se prestara,
la mitad de mi vida te ofreciera,
o toda, porque celos no tuviera
la otra mitad que huérfana quedara.
Y si el alma pudiera en tu agonía
restituir tu vida con la suya,
abrigando en su ardor tu sangre fría,
aunque a desdén mi vida lo atribuya,
te diera liberal el alma mía
por mejorarla con hacerla tuya.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Juan Pérez de Montalbán y las Lágrimas panegíricas

Escritor de gran éxito durante su corta vida, Juan Pérez de Montalbán se crió rodeado de libros en el establecimiento de su padre, que regentaba una de las principales librerías del reino. Alonso Pérez editaba nada menos que a Lope, a quien le unía una franca amistad entreverada de intereses (mutuos), y Juan, cuarenta años más joven que el Fénix, se convirtió en su más fiel y amado discípulo, lo cual pudo granjearle algunas enemistades en la controvertida y fragmentada república literaria de la primera mitad del siglo XVII.

El ataque más furibundo se lo lanzó Quevedo, quien lo hirió, fustigó, desangró, rebanó, desconyuntó, desolló, reventó y descostiñó en La perinola tras la publicación de una obra miscelánea con visos enciclopédicos que Montalbán tituló Para todos.

Para zaherirlo aún más profundamente, Quevedo lo llamó "retacillo de Lope", algo que, por cierto, siguen manteniendo algunos de los principales manuales de historia de la literatura española. Montalbán se rehízo de las críticas como pudo al amparo de su padre y de Lope, pero unos años más tarde, en 1635, comenzó a sufrir los primeros achaques de la enfermedad que acabaría prematuramente con su vida.

En los años siguientes, el ignoto mal continuó agravándose. José Quintana, un gran amigo suyo, llegó a escribir que la enfermedad le redujo, hasta en el modo de hablar, al estado de niño. A algunos de sus contemporáneos, treinta años después de la publicación de la primera parte de El Quijote, les da por pensar que Montalbán ha contraído el mismo mal que el caballero andante. "Y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio.”

Sin embargo, Montalbán no recupera la cordura al final de sus días y muere en 1638, tres años después de los primeros síntomas de la enfermedad. Las penosas circunstancias de su muerte provocaron que muchos ingenios de la época, estremecidos, llorasen su muerte y homenajearan al infeliz difunto y al malogrado amigo. El resultado son las Lágrimas panegíricas, una compilación de poemas fúnebres y textos de homenaje a Montalbán, dirigida por Pedro Grande de Tena, amigo del difunto, quien curiosamente ejerció el mismo papel que el propio Montalbán en el homenaje que éste preparó a la muerte de su maestro y mentor: la Fama póstuma a la vida y muerte de frey Lope Félix de Vega y Carpio.