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domingo, 16 de diciembre de 2007

Partos fronterizos

Hasta en el tedioso rellenar de papeleo que conlleva todo nacimiento en el mundo civilizado (y por civilizar) pueden encontrarse elementos humorísticos. Por supuesto que esos elementos subversivos son inconscientes: la burocracia no admite la risa, como el Jorge de Burgos de El nombre de la rosa.
En los Registros Civiles, junto a la señal de prohibido fumar, puede verse una señal del mismo pelaje con un hombre riendo. El Jorge de Burgos de la de Córdoba, que, por otra parte, se comportó impecablemente conmigo, me hizo rellenar una especie de cuestionario en el que se formulaban preguntas bastante personales que yo, quizá ingenuo, no tuve reparos en contestar. Tal vez debí haberle preguntado qué coño le interesaba al Registro muchas de aquellas cuestiones y por qué no se conformaban las altas instancias con el Certificado de nacimiento de Diego que me había expedido la matrona y cuyos datos principales yo había escrito con absoluto primor.
No lo hice. Me limité a comprobar la ridiculez de ciertos apartados, en especial de uno en concreto: el de la nacionalidad de los hijos nacidos en un parto múltiple; si una mujer da a luz a gemelos, trillizos, cuatrillizos y demás illizos, debe consignar la nacionalidad de todos y cada uno de ellos. Me imaginé a una pobre madre en la frontera entre dos países, pongamos entre Moldavia y Rumanía, echando al lado rumano de la línea a un recién nacido y al lado moldavo al siguiente, con lo cual los hijos impares serían rumanos y los pares, de Moldavia. Sería la solución ideal para una pareja formada por un ciudadano de cada nación. Pero parece bastante complicada. Más tarde pensé en que la dichosa mujer podría haberse puesto de parto en el Oriente-Exprés, o en uno de esos viajes relámpago que en pocos días te llevan a visitar (más bien a pasar por) cinco o seis países. Con un poco de suerte, si los bebés respetan unos tiempos mínimos de nacimiento, el primero puede ser español y el último eslovaco, pasando por las más diversas nacionalidades (y no digamos si atraviesa esa fantástica nación de naciones que todos conocemos).
La casuística (como se dice ahora con pompa y circunstancia) es múltiple, pero no creo que merezca la pena ahondar en ella. Bastantes chorradas aguantamos a diario. Yo, por hoy, me conformo con las susodichas.