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martes, 15 de enero de 2008

De cajón


Anoche tuve, más que una pesadilla, un mal sueño. Recuerdo que soñé que aparcaba mi coche en una estación de servicio. Eché la vista al cielo y comprobé que el litro de gasolina costaba un euro. Después me fueron ocurriendo cosas desagradables. Cuando me desperté, supe que había sufrido tontamente, por mi mala cabeza, como José Agustín Goytisolo. ¿Cómo no me di cuenta? ¿La gasolina a un euro? Un sueño. Elemental, querido Watson...

lunes, 24 de septiembre de 2007

Exigir el maná

El fenómeno que se está dando en Andalucía tras el pacto entre Chaves y Zapatero para las inversiones del Estado en su comunidad refleja claramente la situación a la que ha llegado la España de las autonomías. Tras la visita, los periódicos principales y sus más preclaros colaboradores y columnistas no han criticado el nuevo sistema de adjudicación de las inversiones del Estado en algunas CC.AA., establecido en ciertos estatutos unilateralmente siguiendo la vieja máxima de "esto es mío porque a mí me sale de los cojones", sino que lo que se ha criticado es que el gobierno central de turno ha vuelto a timar a Andalucía (así, en general) porque va a recibir menos inversiones que Cataluña.
La extrema desigualdad de la financiación autonómica la puso de manifiesto Pedro Solbes indirectamente diciendo que el sistema podría soportar ciertas licencias presupuestarias siempre que no se apuntasen a ellas todas las autonomías. Porque hay políticos españoles listos como ardillas: los que han elegido para la financiación el rasgo con el que más dinero recibe su comunidad: en Cataluña, el PIB, pero no porque eso la beneficie; en Andalucía, la población, pero no porque Andalucía sea la comunidad más poblada (eso no es más que una casualidad), sino porque es lo justo. Siguiendo la misma lógica, el estatuto de Castilla-León debería dictar que se calculen las inversiones del Estado teniendo en cuenta su extensión y Cantabria podría calcularlas por la producción de sobaos pasiegos. Y éstas dos al menos pillarían algo, porque las últimas autonomías que revisen su estatuto (mira que les han advertido que se den prisa) no sólo no recibirán ni un duro de nadie (pobrecillas), sino que es muy probable que tengan que poner bote. Y chitón, no vayan a resultar de un centralismo reaccionario y, a lo peor, filofascistas.
La reforma de los estatutos de autonomías de esta solidarísima España ha puesto de moda varias frases hechas dignas de las mismísima Teresa de Calcuta: "¿Qué hay de lo mío?", "Lo mío, mío y lo de los demás, a medias" y "El que venga atrás que arree". O, mejor aún, que se joda.

martes, 4 de septiembre de 2007

El controvertido concepto de la capacidad adquisitiva.


No pensaba volver a hablar de economía, ya que no es ni de lejos mi tema preferido, ni en el que estoy más versado, pero los comentarios a la entrada de ayer sobre macro y microeconomía de Pedro Ojeda y de mi hermano Diego (que me honran con sus intervenciones) me han recordado las peculiares ideas de dos destacados miembros del gobierno sobre la capacidad adquisitiva de los españoles.

El principal efecto negativo de la inflación es evidentemente la pérdida de poder adquisitivo. Pero para Jesús Caldera no existe el problema de los mileuristas, ya que una pareja de mileuristas se convierte automáticamente en un dosmileurista (que, como recalcó el ministro, consigue más de 300.000 pelas al mes). ¿Y los integrantes de la población antiguamente conocidos con el nombre de solteros? ¿Tendrán que juntarse dos de ellos para poder optar a los dos mil euros? ¿Y si en la pareja no trabajan los dos?

Dice por su parte Pedro Solbes que la capacidad adquisitiva de una familia de tres miembros aumenta si la hija se pone a trabajar aunque el sueldo de sus padres no ascienda al ritmo del IPC. Absolutamente cierto, pero a costa de un sustancial aumento de la carga de trabajo de la familia, lo mismo que ocurría con el ejemplo que proponía Jesús Caldera. Es como si en una empresa el jefe anunciara que paga a sus trabajadores diez euros más de sueldo a cambio de trabajar sesenta horas semanales. Yo preferiría cobrar lo mismo y trabajar cuarenta.

Lo más paradójico (y triste) de todo esto es que, mientras se bendice la contención salarial, las empresas, gracias entre otras cosas a la mismísima inflación, siguen batiendo sus récords de beneficios... Ver para creer...

lunes, 3 de septiembre de 2007

El despotismo del IPC: todo por los precios, pero sin los precios.



Desde hace unos años, en Hollywood se echan en falta guiones originales realmente originales. Los guiones del cine español tampoco lo son, pero eso no es porque el guionista sea el peor valorado de los integrantes del enjambre de autores que reúne cualquier película. El problema reside en que los españoles con más inventiva están contratados por el Ministerio de Economía. Pedro Solbes y Rodrigo Rato los mantienen trabajando día y noche, en un lugar lóbrego y húmedo, imaginando cómo cuadrar los datos de la inflación para que se adecuen a los niveles del resto de la Unión Europea.

Y los tíos son buenos, muy buenos, que diría ese gran comunicador (¿qué coño significará esa palabrita?) que es Carlos Sobera. Sólo verdaderos magos de la publicidad y de la economía serían capaces de hacernos creer que la inflación interanual está en torno al 2%. Este trabajo, no obstante, está a la altura de otros elaborados en anteriores años. Recordemos que desde el año 2002, y, pese al alza general de los precios de productos de primera necesidad, el IPC oficial de este país no ha superado nunca el 4%. Frente a estos datos, La guerra de las galaxias parece una obra realista. Es más verosímil el anuncio de la Primitiva de Pancho (hay otros perritos millonarios, como Trouble) que el dato del IPC que dan los sucesivos gobiernos.

Este año, con las inminentes subidas de leche, pan y otros productos, los creativos del Ministerio lo van a tener aún más complicado; pero no se preocupen: el IPC de 2007 no subirá por encima del 3 %. ¿Los precios? Eso ya será otra cosa.