
Cuando las autoridades se enteraron, gracias a la tortura, de la causa principal del suceso, prohibieron pronunciar el nombre de Eróstrato bajo la amenaza de imponer fuertes castigos a quien desoyera las leyes. Pese a la dureza de las penas, el nombre del pastor efesio no se perdió en el tiempo: prosperó y ha llegado hasta nuestros días.
Pero la Fortuna traidora no suele ser tan propicia para los Eróstratos contemporáneos. Generalmente, sus nombres quedan enterrados bajo la enorme maraña de información y datos que teje y difunde nuestro mundo a diario. Hay demasiados Eróstratos como para que el común de los mortales recuerde cómo se llamaban. El nombre del perturbado que hace un par de semanas convirtió un tranquilo día de compras en una noticia de alcance mundial tampoco soportará el paso del tiempo: es el menor homenaje que merecen sus víctimas.
Pero la Fortuna traidora no suele ser tan propicia para los Eróstratos contemporáneos. Generalmente, sus nombres quedan enterrados bajo la enorme maraña de información y datos que teje y difunde nuestro mundo a diario. Hay demasiados Eróstratos como para que el común de los mortales recuerde cómo se llamaban. El nombre del perturbado que hace un par de semanas convirtió un tranquilo día de compras en una noticia de alcance mundial tampoco soportará el paso del tiempo: es el menor homenaje que merecen sus víctimas.