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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Gajes de la emigración

Efectivamente, he vuelto a los orígenes, como dice Pedro en su comentario a la entrada anterior, aunque no trabajo ni en Palazuelo, Merche, ni en Medina de Rioseco, sino en Tordesillas. En el Juana I de Castilla me he dado cuenta de que el entorno sí marca algunas diferencias en la enseñanza de la lengua: eliminar los ejercicios de ortografía relacionados con el seseo y con la pérdida de las -d-, por ejemplo; o un caso más extremo: el del leísmo y el laísmo.
En La Puebla de los Infantes prefería pasar de puntillas sobre el tema, porque allí sólo incurren en el leísmo de persona, aceptado incluso por la RAE, y explicarles errores que no cometen me parecía más contraproducente que beneficioso; pero sí se lo comentaba brevemente, y cuando les ponía ejemplos del tipo "la dijo que viniera" o "cógele" refiriéndose a un libro, se reían y, con gran incredulidad, preguntaban dónde se decía eso, porque no lo habían oído nunca.
Cuando hace un par de semanas explicaba el laísmo y el leísmo en Tordesillas, muchos alumnos , laístas militantes, me espetaron que "la dijo que viniera" no era ningún error, y que la versión correcta, "le dijo que viniera", sonaba fatal. Que quién decía eso.
Y, recordando la respuesta de los chavales de La Puebla, tan parecida (y tan contraria) a la de estos de Tordesillas y pueblos aledaños, no pude hacer otra cosa que reírme y decir para mis adentros: "gajes de la emigración".

lunes, 3 de marzo de 2008

Una entrada persistente

Hace mucho tiempo que no escribo, tanto que mi hermano Diego ha elevado a El patrón sin barca, la entrada que lleva encabezando este blog desde el lejano 21 de enero, a las altas cumbres de la mitología. El patrón sin barca no es una entrada mítica; más bien es una entrada persistente que se ha ganado el corazón de los lectores de un blog que ha quedado varado demasiado tiempo, un poco como la escultura de San Sebastián a la que me refería en ese post. Después de mes y medio, he encontrado la Blogse un poco destartalada y llena de telarañas, pero con muchos comentarios que agradezco.
Hace mucho tiempo que no escribo, entre otras cosas, como habéis imaginado muchos de los que leéis (o leíais) mi blog, por Diego. Pero no toda la responsabilidad es suya. Si algo no quiero es usar a mi hijo como pretexto de todo lo que no hago porque no puedo o porque no quiero, excusa tan manida que, aunque a veces es cierta, ya nunca me creo. Me he metido en demasiados fregados este año y lo primero que se ha resentido han sido las devociones, ya que las obligaciones son insoslayables.
Así, he ido retrasando día a día mi regreso al mundo bloguero y me he perdido muchísimas cosas que en este tiempo me ha ofrecido: un fantástico regalo de mi querida Nerea (del que me enteré gracias al correo electrónico) o un premio que me otorgó Alejops con una deferencia que me dejó perplejo.
He dejado de enterarme de las peripecias vitales de Merche Pallares, de ver el agua que discurre por la acequia de Pedro, las palabras que se escriben y desaparecen en las aguas a más velocidad incluso que en la arena, y el lento y rumoroso transcurrir de la lúgubre góndola por los angostos e incorruptibles canales de la Venecia dieciochesca. Y tantas otras cosas.
Pero aquí estoy de nuevo. He vuelto. Y para quedarme.
Digo yo...