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jueves, 26 de marzo de 2009

Y no hallé cosa en que poner los ojos...

Hace unos días, mi hermano Diego colgó en su blog una viñeta de El Roto titulada Oficina de empleo en la que aparecía el marco de una puerta por la que pasaban casi en círculo una multitud de personas grises, tristes, sin esperanza, condenadas a atravesar una y otra vez por el maldito marco de la oficina. La sensación de destino inalterable me recordó los castigos envenenados de la mitología griega, pero además me trajo a la mente una imagen no mitológica, sino real. La vi saliendo de Úbeda el lunes posterior al día de Andalucía frente a la tosca plaza de toros ubetense, que, pese a estar construida en el siglo XIX, más bien parece un castro prerromano. Justo en la otra acera se concentraban más de cien personas. Observé el gentío y pude ver que se dirigía hacia una oficina de empleo.
Me restalló Quevedo en la cabeza: "Y no hallé cosa en que poner los ojos/ que no fuese recuerdo de la"... crisis.

martes, 25 de noviembre de 2008

Traducciones literales I (el aguijón en el vocablo)

Con las elecciones de EE.UU. y el flamante equipo de gobierno que día a día vamos leyendo en la prensa y vemos en televisión e internet compruebo por enésima vez la pereza mental que inunda el periodismo cuando se trata de traducir términos de otros idiomas (en particular, del inglés) al nuestro. Aunque el periodista cuenta con la dificultad (y la excusa) del apresuramiento, de la inmediatez, lo cierto es que la traducción literal asoma la cabeza en novelas y otros textos que pueden estudiarse con más detenimiento, como contaba hace ya tiempo Javier Marías en El País Semanal.

La rapidez que implica la noticia no exime al periodista de la falta que comete cuando se incurre en ella hasta la saciedad o cuando se repite mecánicamente sin reparar en su significado en español o en que ya existen las palabras precisas en castellano para denominar aquello que ha de traducirse. Las traducciones literales al principio chirrían, pero luego se van adaptando a nuestro discurso. Nuestros oídos, desde luego, se acostumbran a todo.
El día de las elecciones americanas los oídos me lloraban ya de escuchar continuamente las palabras "votos electorales" y "votos populares". Venían a mis oídos y se enseñoreaban de ellos como música de las estrellas. Y en el hartazgo que se iba apoderando de todo mi ser, acabé reflexionando sobre el significado de "votos populares" y "votos electorales". ¿Qué coño quería decir eso? Deduje por mis propios medios que el sintagma "votos populares" venía a referirse a lo que en España llamamos "votos" a secas, y los "votos electorales" a lo que denominamos "escaños" o bien en este caso "delegados". ¿Por qué entonces repetir continuamente eso tan americano de "votos electorales" y "votos populares" si tenemos prácticamente que imaginarnos su significado?
(Continuará)

martes, 18 de noviembre de 2008

En la cumbre


De nuevo La insoportable levedad del ser me da claves para interpretar cumbre que se ha celebrado este fin de semana en Washington. Hace ya unos días comparé el casi lúbrico deseo de ir a la cumbre de nuestro presidente (a quien desde aquí felicito por este éxito) con la levedad de Parménides y el peso de Beethoven, dicotomía que explica Kundera en su novela. Ahora, son las fotos del encuentro las que traen a mi memoria una parte de esta obra, que cuenta las relaciones de dos parejas cuyos miembros, en un momento u otro de sus vidas, entran en contacto.

Franz, el personaje que menos páginas ocupa de los cuatro, es un profesor suizo casado con una mujer a la que no quiere y amante de una pintora llamada Sabina que fue amante a su vez de otro protagonista de la historia, Tomás. Cuando Franz abandona a su esposa, Sabina lo abandona a él, pero el profesor, en vez de hundirse en una depresión severa, se siente reconfortado: por primera vez en su vida puede tomar decisiones por sí mismo.

Con el tiempo inicia una relación amorosa con una alumna suya, pero sigue guardando por Sabina un amor más allá de las cosas, un amor semejante al que mantenía según las normas del amor cortés medieval el amante con su dama. Como prueba de ese amor descabellado, Franz acepta acompañar una protesta en Camboya para pedir a sus autoridades que permitan el paso a un grupo de médicos para atender a la población civil.

El grupo se aproxima a la frontera y una traductora pide que dejen entrar a los médicos. Se suceden los segundos, caen los minutos uno tras otro, pero desde el otro lado del río que hace frontera todo es silencio o, peor aún: indiferencia. "Franz comprendió de pronto que todos eran ridículos, él y los demás, pero aquella comprensión no lo separaba de ellos, no lo llenaba de ironía, al contrario, era ahora cuando sentía por ellos un inmenso amor [...]. ¿Qué más puede hacer esa gente que teatro? ¿Les queda alguna otra posibilidad?".

Los miembros del G20 se enfrentan a una situación desconocida que difícilmente puede solucionarse en reuniones como las de este fin de semana. Es imposible tomarse un café con churros por la mañana, como ha dicho Solbes muy socarronamente, y salir por la tarde con el capitalismo refundado. Quizá esta cumbre no sea más que puro teatro. Pero, como a Franz y a sus compañeros de marcha, ¿acaso les queda otra posibilidad?
Foto de www.rtve.es

jueves, 6 de noviembre de 2008

El artífice en la sombra de la victoria de Obama.

Todo el mundo está hablando estos días hasta la saciedad de la victoria de Barack Obama, de sus extraordinarias cualidades para la política (esas que, dicho sea de paso, escasean en la mayoría de los políticos), de su capacidad para encauzar los deseos de cambio de su país y de gran parte del mundo en este momento de desconcierto, y sin embargo apenas se ha nombrado a una persona que ha contribuido decisivamente a este momento histórico, un hombre en la sombra sin cuya participación activa estos últimos años hoy no estaríamos hablando de que un negro llega por fin a la Casa Blanca. Sin su ineptitud, sin su estulticia, sin sus rebajas de impuestos a los más ricos, sin su propensión a explotar el miedo de sus ciudadanos, sin las guerras de Iraq y Afganistán, sin sus problemas para deglutir una galleta, sin todo usted, en suma, todo lo que estamos viviendo hoy no habría sido posible. Gracias por todo, George W. Bush.

martes, 4 de noviembre de 2008

S.O.S. ¡No encuentro mi colegio electoral!


Esta mañana me he levantado exultante, pletórico, con más ganas de votar que nunca (si es que alguna vez he sentido tal cosa). Las calles estarán engalanadas, ondearán por doquier banderas de barras y estrellas, y se oirá por todas partes el himno americano entre viandantes obesos y puestos de perritos calientes.

Cojo mi voto, lo guardo cuidadosamente en mi bolsillo y me dirijo con aplomo a mi colegio electoral de referencia, el Hotel Castillo. Allí me recibe un tipo con cara de pocos amigos que me dice que las elecciones no son en España, sino en EEUU, y que ya está harto de repetírselo a la gente. Que como siga así la cosa cierra el chiringuito y se pira con viento fresco.

Desde la alegría angelical de la mañana, mi cara va transformándose lentamente en una mueca de enfado indisimulable, de indignación generalizada contra el mundo. O sea que me he estado tragando horas y horas de campaña electoral, periódicos, revistas, televisiones, amigos, que si Obama se echaba unas risas en Illinois, o que si McCain daba un mitin en un maldito McDonalds de Ohio, y resulta que yo aquí ni pincho ni corto, que no puedo ni depositar un papel en una urna, que no puedo ni opinar. Por Dios, nos han bombardeado con más virulencia que en nuestras propias elecciones. Eso me dará derecho a algo, ¿no? Todos los presentadores de telediarios, radios, corresponsales de periódicos, etc., en Washington, programas especiales, suplementos etc., etc., ¿y nosotros no tenemos ni voz ni voto? Manda huevos. ¡Qué decepción más grande!

Después de hoy, tengo clara una cosa: a mí que no me vuelvan a llamar para votar en otras elecciones americanas. ¡Coño!

jueves, 30 de octubre de 2008

Politiqueos

Ha causado escándalo en cierta parte del periodismo nacional la imagen del Congreso de los Diputados prácticamente desierto en una sesión plenaria destinada a debatir un asunto crucial para el país: el paro. Aunque hacer novillos nunca es justificable, lo cierto es que los diputados pueden esgrimir tres causas atenuantes en este caso concreto:
El ponente para tan alta ocasión no era otro que Pedro Solbes, no demasiado apreciado en su círculo como showman precisamente. Sabiendo que sus discursos suenan más bien como el arrullo de una madre o como la nana de una abuela, los diputados de todos los partidos prefirieron quedarse dormidos en casa y ahorrarse la canción de cuna y el espectáculo de ojos cerrados, boca abierta y ronquido suelto que podrían haber dado en el Congreso.

¿Cómo se puede pretender, por otro lado, que los diputados asistan a un pleno matutino (palabra preferida de mi hermano Álvaro en su infancia) en el que no participa ninguna de las estrellas de esta farándula? Es como ir a ver una película porque actúa Mar Flores. Cuando los primeros espadas no salen al ruedo, lo mejor que pueden hacer los subalternos es quedarse en casa. Sin líder, no somos nada (o nadie nos controla).

Y, por último: ¿cómo podemos escandalizarnos de que los diputados no vayan a trabajar (aunque cobran igualmente, ¿no?) si en la política ocurren todos los días cosas más graves? (eso sin contar con que el mejor favor que muchos políticos pueden hacerle a España es precisamente no hacer nada).

El otro día, sin ir más lejos, me contaba un compañero del instituto un caso especialmente abominable. En una ciudad andaluza se entregaban más de cien pisos de protección oficial. Uno de ellos le había "tocado" a mi compañero. Tamaña ocasión no podía desperdiciarla el Señor Alcalde de la ciudad en cuestión (los pagará él de su propio bolsillo, ¿no?), que se personó en el acto con la parafernalia de rigor. Pero el tipo debía de tener algo de prisa, problemas de agenda o una inoportuna gastroenteritis, vaya usted a saber, y quería irse del lugar rápido pero con las fotos hechas, al menos tres o cuatro. Así que, ni corto ni perezoso, indica a los organizadores del evento por quiénes debe comenzar el reparto de llaves. ¿Se lo imaginan?

- Primero los de sillas de ruedas.

Hay que ser muy hijo de puta...

lunes, 27 de octubre de 2008

Hacer cumbre

El gobierno español ha lanzado una ofensiva para que España participe en una cumbre que ya ha ocupado en unos días más páginas que la mítica del Everest en siglos. A Zapatero le está costando alcanzar la cima. Intenta contratar a algún sherpa para que le ayude en la ascensión, pero se encuentra con más de una negativa porque un lejano día se enemistó con el sherpa mayor (el mayor, pero no el más listo, desde luego).
En La insoportable levedad del ser, Milan Kundera expone dos visiones antitéticas sobre la levedad. Parménides de Elea, firme defensor de los opuestos, opinaba que el contrario (como en los gemelos) positivo era la levedad, mientras que Beethoven prefería el peso, la masa, la fricción con la tierra. Para Beethoven la levedad era ligereza, frivolidad; para Parménides, ascensión y espíritu.
Zapatero podría aprovechar la levedad para ascender hasta la reunión de los líderes mundiales, pero, paradójicamente, para tomar la cumbre hay que tener peso, materia, cuerpo, hasta envergadura, y eso no lo tiene Zapatero ni lo ha tenido España (qué se le va a hacer) en los últimos siglos. Por eso Zapatero no entiende a su ministro de Economía, al viejo marino al que le importa un bledo que España no figure donde no ha estado nunca mientras él pueda saborear el humo de su pipa, al vicepresidente que rumia la supremacía de la levedad de Parménides; y por eso se reconcome en la Moncloa, mordiéndose las uñas, llamando a mil puertas rocosas que devuelven palabras sin significado, sintiendo en sus carnes como ningún otro la insoportable levedad de ser presidente del gobierno español.

martes, 30 de septiembre de 2008

La princesa que no quería hacer croquetas

Se ríe o se queja o se sorprende la gente de que el ministerio de Igualdad, o sea, la ministra Bibiana Aído más su secretario y su chófer (imagino), proteste contra un anuncio de las letras del tesoro o del tesoro público en el que un tipo se niega a dejar a su Puri porque hace unas croquetas de muerte, lo cual, viendo cómo está el croqueteo nacional en los tiempos que corren, posee una lógica innegable.
La gente se ríe, se queja y se sorprende de la reacción de la ministra, en comandita con una compañera del PP, pero yo la entiendo. No saben ustedes lo duro que es pasarse ocho horazas en el silencio de tu despacho de Madrid, sola, sin los amigos de siempre, que están en Andalucía (alguno de ellos, por cierto, muy influyente), aburrida de no dar golpe, buscando si acaso sin encontrarla nunca la palabra fistro en su ministerial diccionario de inglés.

Las hormigas resuenan como bombas en su vasto despacho. Encerrada en su castillo de marfil, la princesa está triste. "¿Quién fuera Hipsipila, que dejó la crisálida?", piensa Bibiana Aído en su jaula de oro esperando a un príncipe que sepa despertarla.

Y mientras, para entretener la eternidad de su vacío incorpóreo, de su ministerio que es forma pura, como el alma sin cuerpo, se inventa estos jueguecitos o se arroga competencias alejadas de su órbita, como la ley del aborto.

"Pobrecita", dirá Zapatero. "Con lo joven que es... Inventaos algo para que se nos divierta."

lunes, 22 de septiembre de 2008

El bufón sin alma

Foto de www.elmundo.es

Todas las leyes tienen sus defectos, sus excesos, su endémica politización, etc., y no dudo de que la ley para la recuperación de la memoria histórica tendrá las suyas. Sin embargo, cuando se le pregunta por qué su partido se opone a ella, Mariano Rajoy no da razón alguna, sino que procura eludir la respuesta y se excusa en que él prefiere mirar hacia el futuro, como si el futuro pudiera construirse sin dejar que se restañen las heridas del pasado.
   Por eso me parecen especialmente intolerables e inmorales (algunos que hablan tanto de moral) las declaraciones de este personajillo que preside las Nuevas Generaciones del PP, que en tono de mofa, como si estuviera diciendo un monólogo en el club de la comedia, se permite el lujo de burlarse de las "fosas" y de la Guerra Civil, la "guerra del abuelo", una forma sublime de despachar un conflicto en el que murieron miles y miles de personas.
   Imagino que Pablo Casado no habrá tenido que llevar flores a una asquerosa cuneta en la que tal vez (sólo tal vez) reposaran los restos de algún familiar cercano. Yo, afortunadamente, tampoco. Pero compadezco de corazón a quienes se han visto obligados a ello y exijo que los poderes públicos les ayuden a encontrarlos, si es ese su deseo, o, al menos, que no entorpezcan su búsqueda.
  No veo el daño o el perjuicio que eso puede provocarle a mi jocoso tocayo, ni qué parte del futuro de Rajoy se verá ensombrecido por las pesquisas de los familiares de los desaparecidos durante la Guerra Civil, sean del bando que sean.
   Antígona fue condenada a muerte en su Tebas natal por rebelarse contra la ley , promulgada por Creonte, que le impedía darle a su hermano Polinices las exequias que merecía cualquier difunto. Y como tal ocupa un lugar privilegiado entre las heroínas de la mitología (y de la tragedia) griega.
   Aquí, sin embargo, todavía hay algunos que se burlan sin causa de unas personas que lo único que pretenden es saber dónde yacen sus seres queridos para llevarles flores allí donde se encuentren, para poder enterrarlos con dignidad o, simplemente, para poder reposar junto a ellos en la inmensa eternidad que, sin luces y sin sombras, a todos nos aguarda.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Gerona, Lérida, La Coruña y Orense, a la deriva (II. El mapa y la Real Academia)

Todos los mapas de hoy siguen estando en un idioma, el español en los pensados para hispanohablantes. En el mapa uno busca Alemania, no Deutchland, o Austria, no Österreich, y no figuran ni United Kingdom ni United States, sino Gran Bretaña o Estados Unidos. Habría que ver quién se enteraba de qué países se encuentran bajo denominaciones crípticas como Suomi, Hrvatska o Magyarország, que no son otros sino Finlandia, Croacia y Hungría, respectivamente. Y no digamos si hubiera que escribir los nombres en árabe o en chino mandarín.
Con las ciudades sucede lo mismo que con los países: en los mapas viene Londres y no London, Mantua y no Mantova, Varsovia y no Warszawa, y paro ya porque podríamos alargarnos hasta el infinito y no merece la pena dejarse la vida en redundancias.

Antes he dicho que todos los mapas están sujetos a un idioma, español, catalán, inglés, o el que sea, pero no es cierto. La excepción es el mapa de España, que está escrito en varios a la vez y sin mucha coherencia, por cierto. Mis alumnos del Ámbito lingüístico y social de Diversificación Curricular de Tercero de ESO (manda huevos, que diría Trillo) se enfrentan en su libro de texto (de Editex, p.140) a un mapa de España que ni está en castellano, ni en catalán, ni en vasco, ni en gallego, sino todo lo contrario, todo junto y separado al mismo tiempo.
Por supuesto que no aparecen mis queridas Gerona y Lérida, ni La Coruña u Orense, pero sí Cataluña y Galicia, así, tal cual, cuando lo más congruente, teniendo en cuenta que figuraban Girona, Lleida, A Coruña y Ourense, hubiera sido sustituirlas por sus topónimos en catalán y gallego: Catalunya y Galiza. País Vasco y Comunidad Valencia también están escritas en español, pero no las Islas Baleares (Illes Balears). La confusión reinante se completa con la denominación bilingüe de las capitales de País Vasco y Comunidad Valenciana.

A mi modo de ver, lo lógico hubiera sido poner todas las ciudades en sus dos denominaciones (la de las lenguas oficiales de cada comunidad) o todas en español, que es la lengua en la que está elaborado el mapa. No se me escapa que los nombres se hayan tomado del idioma en el que los lugares figuren oficialmente, pero eso conduce a una grave confusión, y sólo se explica por motivos políticos.

Cuando a la RAE se le preguntó cómo había que decir en español los topónimos como Orense y Lérida, contestó que en español. Parece una tautología (el que habla en español dice las cosas en español, como el gallego en gallego o el francés en francés), pero en España, y más para ciertas cosas, la lógica es un trasto viejo que ha quedado fuera de combate. A Víctor García de la Concha, y por extensión a la RAE, se le echaron encima todos los nacionalistas, que rugieron como leones salvajes para desacreditar a la institución tildándola de desfasada y autoritaria, y a sus miembros de intransigentes, carcas y poco menos que fachas, que es lo que suelen hacer ciertos "demócratas" cuando una opinión (más si es fundamentada) no se atiene a sus criterios.

La RAE dio su opinión ante la duda (que no es vinculante en ningún caso para los usuarios de la lengua, como explicó el recién ingresado académico Javier Marías en EPS este domingo), pero muy poquita gente le hizo caso. Y es de ver la tristeza con la que Orense, Lérida, La Coruña o Gerona, desvalidas y abandonadas se van consumiendo entre olas gigantes que las van condenando, lenta pero irremisiblemente, al clamoroso silencio de las insondables profundidades abisales...

martes, 13 de mayo de 2008

Gerona, Lérida, La Coruña y Orense, a la deriva (I)

Hay palabras que se han ido disolviendo en el pasado como una pizca de sal en pleno océano, vocablos sin suerte que perdieron el favor de los seres humanos que los pronunciaban y les hacían cosquillear en forma de ondas mientras se adentraban como la nave Argos en el oído de sus interlocutores. Después, los hablantes que habían confiado en ellas las abandonaron y ahora se agarran sin esperanza a los restos del naufragio, a una débil tabla a la deriva, para no hundirse definitivamente.
Se me vienen a la mente las palabras Gerona y Lérida, tan campantes ellas, tan felices, ignorantes hasta el último momento de que iban a ser desterradas de los mapas a golpe de decreto. Un día lejano, de hace diez o quince años, anunciaron en el telediario algo así como que estábamos equivocados, que nos habíamos pasado la vida hablando de Gerona y de Lérida cuando lo que teníamos que decir era Girona y Lleida, y algo más tarde nos enteramos también de que había que decir A Coruña y Ourense, y no las falaces y mentirosas denominaciones de La Coruña y Orense, invenciones quijotescas de un mundo ya caduco.

Yo echo mucho de menos a Gerona y a Lérida, a La Coruña y a Orense, que existen tanto como Teruel y Soria, y siempre he advertido a mis alumnos de cómo las llamábamos en la Antigüedad, porque ningún mapa recoge hoy su nombre en castellano. "En mi época decíamos...", y al acabar la frase con ojos lánguidos y arrobado gesto no puedo dejar de sentirme como el abuelo Cebolleta contando batallitas inventadas a los nietos.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Televisiones hipócritas

El Gobierno, informa El País, ha convocado a las televisiones para debatir cómo tratar el tema de la violencia machista tras el asesinato de una joven rusa a manos de su ex novio pocos días después de que éste le pidiera una segunda oportunidad en El diario de Patricia, cuyos responsables desconocían las acusaciones de malos tratos y la orden de alejamiento que recaían sobre el enamorado que buscaba retomar una relación rota a base de golpes.

Ahora, tras la muerte de Svetlana, se demuestra por enésima vez que para que se tomen medidas en este país (o, más bien, para que se hable de tomar medidas) tiene que ocurrir una tragedia. Hace varios años se firmó un paquete de medidas que se basaban fundamentalmente en la autorregulación del contenido de las televisiones y en el establecimiento de un horario infantil en el que cierto tipo de programas y de temas quedaba absolutamente vedado. Pero una gran parte de los canales de televisión, fundamentalmente Antena 3 y Tele 5, han incumplido sistemáticamente el pacto firmado sin que prácticamente nadie (nadie con poder, quiero decir) haya exigido su cumplimiento o, en su caso, la imposición de las sanciones correspondientes.

Ahora que ha muerto Svetlana, aunque no haya muerto por la acción de unos programadores inconscientes, sino por el afán de posesión y de venganza de un macho primitivo con mente criminal, todos nos rasgamos las vestiduras. Lo menos que podría esperarse en estos momentos es que los responsables de las televisiones reflexionen y que el gobierno y demás instituciones se ocupen de cortar de raíz la búsqueda de audiencia a través de la exposición del morbo y de la violencia, y no sólo de la relacionada con los malos tratos ni con los programas basura al estilo de El diario de Patricia o el representante más eximio de este tipo de espacios: Aquí hay tomate. Los telediarios de varias cadenas estuvieron repitiendo hasta la náusea y durante varios días la agresión racista y arbitraria del metro de Barcelona o las imágenes de móvil en las que un adolescente agredía salvajemente a otro ante el entusiasmo del amigo cámara. La excusa que suelen argüir para emitirlas es tan vieja que ya la usaron con cierto éxito Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, y Fernando de Rojas, en La Celestina, y por eso ruboriza: mostrar las imágenes para condenar la acción y repudiar a los culpables. Ocultar la verdadera intención de su emisión, la de conseguir audiencia a cualquier precio, sólo puede partir de mentes retorcidas que se esconden bajo una gruesa capa de la más detestable y refinada hipocresía.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Con zeta de Saturna (y de Zapatero)


Ayer hablaba aquí sobre la imprescindible actualidad de los clásicos y hoy he encontrado una muestra más (y extrema) de que los grandes autores no pasan nunca de moda y son necesarios en el mundo de hoy, como lo fueron en el de ayer y como lo serán en el de mañana (siempre que no sean aniquilados por el cambio climático y demás catástrofes naturales).

Leyendo Tristana, una novela de Pérez Galdós, me he topado con este fragmento, que bien podría haber encabezado cualquier noticiario de esta tarde: "Libertad honrada es mi tema..., o si quieres, mi dogma. Ya sé que es difícil, muy difícil, porque la sociedaz, como dice Saturna...". Con zeta de Zapatero, podría haber añadido, pero el fondo de la cuestión ya estaba dicho.

El académico Juan Luis Cebrián ha condenado con dureza la ortográficamente heterodoxa campaña del PSOE. Seguramente haya sido su mayor aportación a la RAE desde que entró a formar parte de tan distinguida institución. El exceso de celo del excelso académico sólo puede explicarse por razones muy alejadas a las propiamente lingüísticas. De ahí que critique una campaña con una crudeza que no han usado ni los rivales políticos del Presidente del Gobierno, que bastante tiene con lo que ha ocurrido en Chile. A Rodríguez Zapatero se le notaba en sus declaraciones que ha pasado unos días muy duros por la lamentable actuación de Chávez y Ortega en la Cumbre Iberoamericana. Por eso, prefiero recordar la exitosa liberación de los tres españoles detenidos en Chad y rectificar mis comentarios del lunes. Si me detienen en algún país extranjero, ya no me haré pasar por un francés cualquiera. "Soy español de pura cepa", diré, o mejor, no diré nada. Así contribuiré activamente al éxito de nuestra callada diplomacia.

jueves, 8 de noviembre de 2007

El test

En momentos como éste, me viene a la mente una de las grandes paradojas que maneja habitualmente el hombre de a pie: que para entrar a trabajar como barrendero se exija el graduado escolar, mientras que para aspirar a cualquier cargo político, incluidos los de diputado, senador, ministro y presidente del gobierno, no se requiera ningún título, sólo la aprobación de los ciudadanos, que no es poco. La paradoja es tan sangrante como insoluble, y desde aquí no pretendemos abrir un debate sobre el tema, que está tan bien como pueda estarlo en cualquier otra democracia del mundo; sin embargo, a veces, cuando se escuchan las barbaridades que perpetran los aparatos fonadores de muchos integrantes de nuestra clase política, se echa de menos que los candidatos no tengan que superar, al menos, un test psicotécnico, nada extraordinario, el mismo que la DGT exige para poder obtener el carné de conducir, incluso aunque los exámenes psicotécnicos se practiquen con el mismo sistema que utilizaba la empresa en la que yo me lo saqué por primera vez. En una sala del centro médico, un empleado me entregó un papelito en el que se me consideraba apto sin haber pasado aún ni una sola prueba.
Con todo, según está el patio (el ruedo ibérico), me temo que gran parte de nuestros políticos no superaría el examen ni aunque sus sesudos asesores estuvieran soplándoles las preguntas por el pinganillo. El test provocaría tal debacle que no quedaría otro remedio que convocar elecciones anticipadas.

lunes, 5 de noviembre de 2007

El rescate

La prensa francesa y parte de la prensa española han criticado hoy el rescate que Nicolas Sarkozy llevó a cabo ayer mismo en el Chad, y no cabe ninguna duda de que el protagonismo que ha adquirido Monsieur le Président en este contencioso no deja de tener cierto afán electoralista y, en cierto modo, populista. No obstante, el éxito de su mediación es innegable, aunque muy probablemente los puntos estuvieran pactados antes de que Sarkozy emprendiera el vuelo hacia Yamena. La cortesía de acercar a casa a las personas liberadas de su país vecino es un gesto que le honra, máxime cuando los ciudadanos de España no pueden votarle en unas elecciones (y mira que cada vez son más los que, al sur de los Pirineos, estarían encantados de poder elegirlo como gobernante).
Con todos sus errores, Sarkozy posee varias cualidades que lo diferencian de los políticos que sufrimos en España: un indudable carisma, una simpatía arrolladora y un admirable afán de solucionar los conflictos humanitarios que surgen en diversos países del mundo (lástima que en Francia no actúe de la misma forma). Y ahora que su mujer no puede ayudarle en esa encomiable tarea, el presidente francés no tiene otro remedio que solucionar estos asuntos en persona.

A mí, particularmente, me encantaría que, en un trance semejante, cuando en mi país estuvieran seguros de que me están encausando injustamente, mi gobierno se esforzase por todos los medios en lograr mi liberación. Y que el presidente en persona, con el avión gubernamental, el Air Force One español pagado con los impuestos de todos los contribuyentes, viniera en mi busca, sería todo un símbolo. Eso es, en realidad, lo que me parece más interesante de la actuación de Sarkozy: el mensaje de que todos los resortes del estado se ponen en funcionamiente cuando uno de sus ciudadanos se encuentra en peligro.

Lo que hubiera ocurrido si la solución del caso hubiera dependido de la diplomacia española o de nuestro gobierno pertenece al mundo de los futuribles al que tan apegados están aquellos que gustan de decir cosas que no pueden ser demostradas. Pero, por si acaso, si una situación similar me ocurriera en mis viajes al extranjero, ya no gritaré a los cuatro vientos aquello tan manido de "Soy ciudadano americano". Al contrario: si mis malos pasos me llevan a tan inhóspito calvario, pediré un crepe y un ricard, pondré un incofundible acento parisino y pronunciaré con desusada calma: "Je suis français. Díganle a Sarkozy que venga a buscarme".

domingo, 4 de noviembre de 2007

Los tripulantes del Girjet detenido en Chad o la fuerza del sino

Nicolas Sarkozy estará volando en estos momentos hacia París. Antes, ha dejado en Madrid a las cuatro azafatas que han salido del infierno en el que se ha convertido un rutinario día de trabajo en una profesión sin apenas peligros. Un viaje al Chad para cumplir con una misión humanitaria se ha convertido posiblemente en la peor experiencia de sus vidas. Para el piloto, el copiloto y un ayudante de vuelo, la pesadilla aún no ha concluido. Retenidos en el Chad, se enfrentan a penas que podrían llegar a los veinte años de trabajos forzados por una terrible veleidad del destino.
En la literatura y en la vida real hay casos semejantes de personas que viven una existencia feliz hasta que de repente y sin explicaciones se ven envueltas en unos acontecimientos que les son ajenos, pero que por alguna causa marcan, cuando no destrozan, sus vidas. Estoy recordando ahora a Cary Grant en la magistral película de Alfred Hitchcock Con la muerte en los talones (cuyo título original es el incomprensible North by Northwest). Cary Grant (más popularmente Gary Grant) encarna a un ejecutivo que por una curiosa confusión es tomado por un agente imaginario que sigue los pasos de una peligrosa organización criminal. Dicha organización no tardará, por supuesto, en intentar acabar con su vida. A otros personajes de ficción les ocurre lo mismo, como a los personajes principales de La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe. Sus protagonistas ven truncada la vida fácil de ricos a la que están acostumbrados simplemente por equivocarse en la salida de una autopista americana e ir a parar a uno de los peores barrios de la ciudad.

Pero los golpes fatales del destino (o la fuerza del sino que tanto persiguió al pobre don Álvaro del Duque de Rivas) afectan a los hombres de carne y hueso de la misma manera que a los seres imaginarios. El brasileño Jean Charles de Menezes iba tranquilamente en el metro en un día tan normal para él como otro cualquiera cuando recibió varios disparos de la policía por parecerse (o parecerles a los agentes que se parecía) a un buscadísimo y peligrosísimo terrorista islámico. Muchos viajeros ingenuos han sido encarcelados en lo que habrían de ser unas inolvidables vacaciones por aceptar facturar taimadas maletas ajenas repletas de estupefacientes o, simplemente, porque alguien introdujo con disimulo drogas en su equipaje. Me viene a la memoria la gallega de Cancún, famosa posteriormente por otras razones.

Lo que está padeciendo la tripulación española del Girjet, liberada a medias, obedece a una jugarreta del azar, a las asechanzas, siempre malévolas, jamás ingenuas, de una providencia que juega con unos seres humanos que viven como si fueran inmunes a estas desagradables vueltas de la fortuna (el Laberinto de fortuna), como si el decurso rutinario de su experiencia vital fuera inabarcable, no tuviera fin.

viernes, 19 de octubre de 2007

Dos hombres, dos vídeos y un destino

La Blogse ha demostrado una vez más su vocación de blog visionario. Hablamos aquí hace diez días, en pura primicia de un tema que ha acaparado los noticiarios de radio y televisión, y las portadas de la prensa española. Hasta ayer, nadie daba un duro por este asunto, que no es otro que el de la pronunciación del archifonema Z a final de sílaba, en este caso a final de palabra. Por este tema se apostaba menos que por la victoria final de Kimi Raikkonen este domingo; La Blogse ya trató de él el 9 de octubre.
El Presidente del Gobierno reconoce en un ya celebérrimo vídeo que pronuncia mucho la z, pero sus conocimientos de dialectología española no le dan (como es lógico) para saber que ese rasgo fonético es típico de grandes zonas de Castilla y León. Es curioso que un fonema inexistente en muchos idiomas y en muchos dialectos del español haya calado de tal forma en el castellano de Castilla. Casi parece que, inconscientemente, estos hablantes hayan convertido el sonido z en una enseña, en un rasgo de identidad, lo mismo que han hecho Zapatero y sus asesores en esta precampaña tan proclive a los vídeos.

Los dos grandes partidos han demostrado que saben hacerse oposición hasta en la propaganda audiovisual: Rajoy usurpando una solemnidad que no le corresponde y Zapatero mostrando una ligereza impropia de un presidente del gobierno buscando el voto. Aunque, puestos a elegir, prefiero el mensaje de insoportable buen rollo de Zapatero que el pretendido mensaje institucional del líder de la oposición. Como si no tuviéramos bastante con el mensaje del Rey en Nochebuena (del que no salva ni el mando a distancia) y, en Andalucía, con la copia corregida, aumentada y aún más insoportable que es el mensaje a los andaluces de Manuel Chaves.

En relación con éstos, el vídeo institucional de Rajoy resultaba extemporáneo y bastante absurdo, pero sobre todo cutre, muy cutre. A su lado, el mensaje de Zapatero parecía rodado por Spielberg; el de Rajoy no lo habría firmado ni Ventura Pons.

lunes, 1 de octubre de 2007

La lengu@, el géner@ y el sex@

Ayer, Rafael Reig lanzó a los cuatro vientos una sugerente propuesta en Público. Su artículo versaba sobre la ya no tan reciente costumbre de utilizar juntas la forma masculina y la femenina (o, peor aún, la arroba) para evitar la discriminación por razón de sexo. No vamos a negar que la lengua es machista, porque la lengua es producto de la sociedad que la usa (y que, por tanto, la modifica) y nuestra sociedad es patriarcal. Rafael Reig no pretende que dupliquemos un sustantivo con sus dos formas genéricas, pues le parece una cursilería (lo de los vascos y las vascas del lehendakari consulting), pero propone una solución al parecer usada por los anglófonos que consiste en alternar el uso de ambos géneros en formas impersonales. No sé qué querrá decir exactamente con eso, porque Congreso de los diputados (o Congreso de las diputadas), que es el ejemplo que da Reig, no es ninguna expresión impersonal hasta la fecha.
La sociedad puede modificar la lengua, cierto, pero a su vez está determinada por ella, ya que la lengua la antecede. Un hablante no puede cambiarla a su antojo, porque las lenguas son convencionales y sirven para entenderse. Es decir, si yo leo Congreso de las diputadas pienso que allí sólo hay mujeres, porque el femenino se emplea exclusivamente para personas de ese sexo, diga lo que diga un usuario concreto.
Si las feministas vieran el lado positivo de las cosas, se darían cuenta de que en cierto modo las mujeres están privilegiadas por ese machismo, ya que poseen en la lengua un género exclusivo para ellas, mientras que los hombres tienen que compartir el suyo con las féminas. Sería algo así como lo mío, mío, y lo de los demás, a medias.
Lingüísticamente, la explicación es más simple, porque no está contaminada por la dictadura de lo políticamente correcto. Las lenguas se rigen por dos principios. Uno de ellos es el principio de economía. Es un principio que seguimos muchos seres humanos: no gastes más energía de la estrictamente necesaria. Por eso no hay tres géneros, sino que a uno de ellos se le asigna su valor propio más el de la totalidad, el del conjunto. En lingüística a este último se le conoce como término no marcado en cuanto al género. A mis alumnos les suelo poner el ejemplo tipo: día y noche. Día es el término no marcado. Es el período de tiempo que goza de la luz solar, pero también se refiere al día completo, que incluye la noche. Así el hablante no tiene que usar más que dos palabras, se ahorra una. Y lo mismo sucede con el género. Que en ello ha influido (inconscientemente) el machismo imperante en nuestra sociedad desde hace siglos es evidente. Pero pretender corregirlo artificialmente como quieren los políticos (tan afectos a lo políticamente correcto) y las feministas de raza (¿por qué no exigen que se diga pianisto?) no resuelve el problema. Ni lo resuelve la imaginativa solución de Rafael Reig. El sistema que usa la lengua es perfecto y cambiarlo significa convertir al género femenino en el término no marcado, porque a ningún hablante que no dé discursos políticos jamás se le ocurrirá habla a sus amigos y a sus amigas sobre los diferentes temas y temos de los que les apetezca (o apetezco) hablar. Y una vez allí, la situación será simétricamente tan discriminatoria como la actual. Después de recorrer un camino tan largo, tendríamos que desandar lo andado con tanto sacrificio.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Divide y vencerás: las posibles consecuencias del fuego amigo


Cuando un elemento nuevo entra en un sistema estructurado (esto lo sabemos muy bien quienes hemos estudiado la gramática de Hjelmslev en la traducción de Emilio Alarcos), el sistema se altera por completo. El sistema que forma la prensa escrita española se ha alterado repentinamente por la irrupción del periódico Público, que ha provocado reacciones diversas entre los demás miembros de la red periodística. Su inquietud ante el nuevo medio se debe fundamentamente a que pertenece a una incipiente pero poderosa empresa que aspira a competir en igualdad de condiciones con los asentados grupos de comunicación valiéndose de una televisión, la Sexta, un periódico, Público, y una radio, que no tienen aún pero que no tardarán en conseguir.

En un sistema, las piezas que primero varían son las que están más cerca de la que se ha incorporado. La pieza más próxima a Mediapro es, por varios motivos, Prisa: ideología progresista y buena sintonía con el gobierno. Por eso, Prisa y Mediapro entran en competencia directa tanto en lectores como en favores.

La desmedida reacción de El País ante la actitud del gobierno sobre la llamada guerra del fútbol, el bautizado por Felipe González como fuego amigo, ha puesto de manifiesto dos cosas: por un lado, el recelo de Prisa, los aliados tradicionales del PSOE, por la llegada de unos nuevos aliados que pueden desplazarlos de su privilegiado lugar en el poder político; por otro lado, ha mostrado la falta de ética que preside los grupos de comunicación actuales, cuya línea editorial no es firme ni responde a convicciones serias, sino que cambia radicalmente si el partido al que apoyan no defiende sus intereses económicos.

Como la mafia siciliana de El Padrino, El País ha dejado en la cama de Zapatero una cabeza de caballo, una oferta que el Presidente quizá no pueda rechazar. La aparición de un nuevo medio de comunicación es siempre una buena noticia, pero para el PSOE puede acabar siendo un verdadero quebradero de cabeza. El fuego amigo puede provocar unos daños que podría aprovechar con gusto el PP agarrándose sin esfuerzo alguno a la vieja e insoluble máxima que tantos triunfos ha proporcionado a lo largo de la historia; aquella sabia máxima que dice: "Divide y vencerás".

lunes, 24 de septiembre de 2007

Exigir el maná

El fenómeno que se está dando en Andalucía tras el pacto entre Chaves y Zapatero para las inversiones del Estado en su comunidad refleja claramente la situación a la que ha llegado la España de las autonomías. Tras la visita, los periódicos principales y sus más preclaros colaboradores y columnistas no han criticado el nuevo sistema de adjudicación de las inversiones del Estado en algunas CC.AA., establecido en ciertos estatutos unilateralmente siguiendo la vieja máxima de "esto es mío porque a mí me sale de los cojones", sino que lo que se ha criticado es que el gobierno central de turno ha vuelto a timar a Andalucía (así, en general) porque va a recibir menos inversiones que Cataluña.
La extrema desigualdad de la financiación autonómica la puso de manifiesto Pedro Solbes indirectamente diciendo que el sistema podría soportar ciertas licencias presupuestarias siempre que no se apuntasen a ellas todas las autonomías. Porque hay políticos españoles listos como ardillas: los que han elegido para la financiación el rasgo con el que más dinero recibe su comunidad: en Cataluña, el PIB, pero no porque eso la beneficie; en Andalucía, la población, pero no porque Andalucía sea la comunidad más poblada (eso no es más que una casualidad), sino porque es lo justo. Siguiendo la misma lógica, el estatuto de Castilla-León debería dictar que se calculen las inversiones del Estado teniendo en cuenta su extensión y Cantabria podría calcularlas por la producción de sobaos pasiegos. Y éstas dos al menos pillarían algo, porque las últimas autonomías que revisen su estatuto (mira que les han advertido que se den prisa) no sólo no recibirán ni un duro de nadie (pobrecillas), sino que es muy probable que tengan que poner bote. Y chitón, no vayan a resultar de un centralismo reaccionario y, a lo peor, filofascistas.
La reforma de los estatutos de autonomías de esta solidarísima España ha puesto de moda varias frases hechas dignas de las mismísima Teresa de Calcuta: "¿Qué hay de lo mío?", "Lo mío, mío y lo de los demás, a medias" y "El que venga atrás que arree". O, mejor aún, que se joda.