Otro gran parón se ha apoderado de este blog, y creo que es el tercero desde que comencé a escribirlo, hace ya casi un año. Éste último ha sido tan largo, ha sido una entrada tan mítica, con esa I latina de primera parte (afortunadamente poca gente estaría esperando la segunda parte) que casi podría calificarse de agujero negro. El blog ha navegado entre millones de toneladas de antimateria y, como lo contrario de la materia no es otra cosa que el espíritu, o los espíritus, es evidente que esta bitácora se ha pasado más de un mes en el mismísimo cielo, entre estrellas y almas (no entre barras y estrellas, cuidado), como un místico más del Renacimiento español. Y como un místico más ha regresado del firmamento para morir porque no muere, es decir, para vivir, esperemos que por mucho tiempo, alejada de agujeros negros, galaxias lejanas y demás infinitos. Así sea.