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viernes, 28 de septiembre de 2007

Víctimas psicológicas

Hace ocho o nueve años, Documentos TV, el programa que con tanto estilo presenta Pedro Erquicia, emitió un documental sobre un judío que había sido internado en el campo de concentración de Auschwitz. Años más tarde visitó el campo, al que no había vuelto desde su infancia, y la emoción le cubrió el rostro mientras recordaba las vejaciones, el sufrimiento y la muerte que habían ocurrido en aquel lugar. El hombre, cuyo nombre no recuerdo ahora, había escrito un libro en el que contaba su dramática experiencia. En breve se convirtió en un best-seller en los EE.UU.

Hasta ahí, más o menos la primera parte del programa, nada hacía presagiar lo que iba a suceder después. Lo que contaba la segunda parte del documental parecía más inquietante: muchos de los datos de la biografía de aquel hombre que se daban por ciertos en realidad no encajaban. A medida que avanzaba la emisión iban apareciendo informaciones que dejaban en evidencia la versión de la ya "presunta" víctima.

En EE.UU., la asociación de víctimas del 11-S acaba de retirar del cargo a su presidenta porque se sospecha que jamás estuvo en las torres gemelas aquel fatídico día. Su aterradora experiencia se tambalea ante cualquier pregunta que pretenda indagar más allá de lo que Tania Head ha contado a la prensa y a los visitantes de la zona cero en su cometido voluntario como guía. Los que han convivido con ella últimamente han comentado que se ha volcado totalmente en las víctimas y que ha trabajado afanosamente estos años sin pedir ninguna retribución por ello. ¿Por qué entonces inventar una historia como esa?


El falso preso de Auschwitz preparó una narración mucho más elaborada que la de Tania Head. Pese a su libro, en el que tuvo que incluir muchos datos que habían de ser necesariamente erróneos, pasó mucho tiempo antes de que fuera desenmascarado. En su visita al campo de concentración alemán, los acompañantes de nuestro protagonista no apreciaron nada extraño, al contrario: se movía por Auschwitz y Birkenau (Auschwitz II) como si ya hubiera estado allí y la turbación que experimentaba por encontrarse en el campo desbordaba la pantalla y llegaba directamente al corazón del espectador. Me pareció que sus sentimientos eran auténticos. Aunque su historia no lo fuera. Quizá, en su caso, empezara mintiendo para alcanzar notoriedad y acabara siendo víctima de sus propias mentiras. Y tal vez algo parecido le haya ocurrido a Tania Head. El 11-S le dio la oportunidad de salir del anonimato y de entregarse a una causa noble que daba un sentido a su vacío vital. No sé qué hay en ello de narcisismo y qué de enfermedad. Pero lo que es seguro es el enorme daño que provocan estos impostores a las causas a las que han consagrado su vida, sobre todo al Holocausto, vergonzosamente cuestionado por Ahmadineyad y compañía.