martes, 21 de octubre de 2008

Pruebas generales de diagnóstico (y 2)

Después de la primera parte de la prueba, todos disfrutamos de un merecido descanso de quince minutos que algunos quisieron aprovechar un poco más de lo que el reloj decía, como, por otro lado, era de prever. Eso se llevaron por delante, porque lo que se les venía encima era un iceberg ciclópeo, una nube plomiza y cenicienta, un huracán con ojo humano de proporciones delirantes.
    Los alumnos habían descifrado poco o nada de lo que Pilar Limón, la ácida mujer del 112, había explicado una hora antes, pero se quedaron realmente estupefactos cuando sonó la segunda pista del disco compacto, una canción de los '80 con un par de guitarras gimoteando su desafinación y una batería que se desgañitaba como un enfermo de Parkinson sobre ellas y sobre la voz del cantante. La blueslería en cuestión se llamaba "Pasa la vida", la misma que cantaba María Teresa Campos en su homónimo programa de televisión, pero en la versión original de Pata Negra. 
   Aparte de mostrar el escaso gusto musical del personal que ha elaborado la prueba (otro año nos regalaron los oídos con una canción de Andy y Lucas), al cantante de Pata Negra apenas se le entendía entre la marabunta fónica de las guitarras y especialmente de la batería del grupo. A veces parecía que el percusionista se había metido un par de cajas de anfetaminas entre pecho y espalda.
    La canción no es muy portentosa en sí y la letra, aunque más jugosa que la de las manos de Andy y Lucas, tiene poco de donde rascar, pero, sin entender ni Pamplona, responder a la pregunta más sencilla resulta harto complicado. Además la cancioncita tiene largas partes instrumentales que no facilitaban precisamente el control de los chavales (que aprovechaban esos momentos para hacer interpretaciones personales a la letra: pasa la noria se convertía en pasa la boya y en pasa la droga.)
   Con todo esto, tengo la sensación de que las pruebas de diagnóstico de este año, al menos en mi instituto, no van a arrojar unos resultados muy halagüeños. Esta semana lo sabré, ya que nos obligan a corregirlas a los departamentos correspondientes sin que nadie nos dé ni las gracias. Gajes del oficio.


viernes, 17 de octubre de 2008

Pruebas generales de diagnóstico

Otra vez a vueltas con la dichosa prueba general de diagnóstico. Este año, aparte de las ya tradicionales de matemáticas y comunicación lingüística (ni siquiera se toman la molestia de llamarla como la asignatura: lengua castellana y literatura), la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía ha añadido una prueba más, que nuestro director denominó de "conocimientos", con lo cual supuse que los chavales tendrían que responder a las preguntas de lengua y matemáticas más con el corazón que con la cabeza. En realidad, a la prueba de ciencias naturales le han puesto un nombre tremendamente alambicado que ya ni recuerdo pero que tenía algo que ver con la interacción con el medio físico. Hay que ver lo retorcidos que pueden llegar a ser algunos jerarcas de la educación.
   Ayer se celebró el examen de comunicación lingüística, y voto a Dios que su contenido es digno del más transgresor vanguardismo. ¡Cómo cambian las preguntas de un año a otro! El año pasado había una grabación extraída de la radio de una lucentina que se quejaba de un problemilla que había sufrido su hijo con la DGT; este año había una grabación extraída de la radio de una andaluza que describía la labor del 112 y daba algún que otro consejo. El año pasado, los alumnos debían detectar en la grabación extraída de la radio rasgos dialectales en el habla de la lucentina; este año, los alumnos debían detectar en la grabación extraída de la radio rasgos dialectales en el habla de la responsable del 112. 
    Nada nuevo bajo el sol, pues. Como comentamos el año pasado (Dios mío, ya ha pasado prácticamente un año), es curioso que todos los años la Consejería pregunte por las hablas andaluzas en unas pruebas en las que no hay ni un solo contenido, ni teórico ni práctico, del estudio de la lengua que se salga de la comprensión y expresión lectora. Como conozco cómo funciona cierto personal, ya me esperaba la pregunta, y no tuve que esperar mucho para encontrarla: era la primera. 
    Por su parte, los alumnos tampoco se enteraron demasiado, porque la mujer del 112 adoptaba en general los rasgos del castellano normativo con la salvedad de la aspiración de la s en posición implosiva y poco más, y eso a los chavales no les sonaba a su andaluz cotidiano. "Habla normal" y "No me he enterado de nada" fueron los comentarios más extendidos sobre la grabación.
   Ý todavía les (nos) quedaba por sufrir lo peor, que contaré en otra entrada, porque de recordarlo sólo se me está poniendo el vello como el del erizo de los seguros.
    

lunes, 13 de octubre de 2008

Memento mori

 - ¿Qué hay después de la muerte? -me pregunta a bocajarro un alumno de refuerzo de lengua de tercero de ESO, 14 años, moreno rizado, regordete, cara de bonachón.
   Y yo, que a veces siento apuro al explicar las Coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre, viéndolos a ellos tan jóvenes, tan lozanos, tan ajenos al descanso eterno, sólo acerté a responderle una obviedad:
    - Eso no lo sabe nadie, caballero.
    Pero la pregunta no le resultó tan obvia a una compañera suya, 15 años, delgadita, rubia con media melena, movida como un nervio, porque, mientras su compañero aseguraba pensar en ello con frecuencia, ella, impertérrita, como si no estuviera contestando al mayor arcano que tiene delante de sí la humanidad entera, sin darse la menor importancia, pues, suelta:
   - Pues claro que hay vida después de la muerte. Como que a mí se me ha aparecido mi abuela. Y más de una vez.
   La respuesta me pareció tan sorprendente como para detener el curso natural de la clase.
   - ¿Cómo que se te ha aparecido tu abuela? -inquirí.
   - Que sí, que sí - terció otra compañera, 16 años, morena, algo entrada en carnes y en ese momento palidísima- que yo también vi a una conocida mía.
   Indagando un poco más, pude saber que la muchacha de 15 años había dormido unas noches en la habitación en la que descansaba su abuela y en la que tal vez dejó el siglo, la pobrecilla. Su nieta no pudo soportar las tinieblas de su cuarto y, acunándose compulsivamente de un lado a otro de la cama, consultando sus miedos con la almohada, acabó por proyectar la figura de su abuela en el negror de la noche como en un negativo de una pantalla de cine. Pura aprensión.
   Intenté explicárselo a mis alumnos procurando no desvanecer las ansias de inmortalidad del chaval al que la muerte inquietaba con algo de premura, pero no creo que lo consiguiera. Al fin y al cabo, no podemos dejar de ser esclavos de nuestros miedos.

    
In ictu oculi de Juan de Valdés Leal. Hospital de la Caridad, Sevilla.
Arriba, Vanitas, de Pieter Claesz.

viernes, 3 de octubre de 2008

Palabras perdidas (II): El delincuente honesto (o los ladrones somos gente honesta)

Parece que la misma suerte que está corriendo la palabra viajante, de la que hablamos aquí en días pasados, le espera a mi pobrecito adjetivo honrado y a su sustantivo correspondiente, honradez, de manera que habrá que modificar en las adaptaciones de los clásicos el nombre de las obras de teatro y escribirlas tal y como aparecen en el título de esta entrada. El delincuente honrado y Los ladrones somos gente honrada han muerto; vivan El delincuente honesto y los ladrones honestos.

Llevo varios días explicando a mis alumnos que la lengua y la literatura son productos de la sociedad que las crea y, pensando en el porqué de tamaña desaparición o de tamaña sustitución, por decirlo más exactamente, quizá se deba a que el mundo de hoy es menos honrado que el de ayer (véase Lehman Brothers and company), pero, por otro lado, tampoco puede decirse que sea más honesto.

En el diccionario de la RAE, honesto aparece como sinónimo de honrado sólo en la cuarta y última acepción. Honesto era, principalmente, la persona pudorosa o decorosa. Pero la diferencia con honrado ha acbado por desaparecer, así que los hablantes han optado por eliminar una de ellas, especialmente políticos y periodistas, que es de quienes ha partido esta asimilación.

Quizá se haya preferido honesto a honrado porque la honradez se asocia un poco a la pobreza. De ahí la frase "Soy pobre pero honrado", que algunos cambian por la más expresiva "Soy pobre pero limpio", como si hubiera alguna oposición entre ambas palabras. Es la honradez del villano, la honra que proclama poseer Pedro Crespo en El alcalde de Zalamea, Peribáñez y tantos otros personajes de nuestro teatro clásico y que algunos mandamases le negaban al pueblo.

Pero yo ya he aprendido la lección. Si los ricos son honestos, habrá que imitarlos, a ver si nos cae algo. Aunque, pensándolo bien, no entiendo por qué se dice lo de "Soy pobre pero honrado". Más adversativa sería, sin duda, y más en los tiempos que corren, si dijera: "Soy rico, pero honesto".


Gaspar Melchor de Jovellanos, autor de El delincuente honrado.

martes, 30 de septiembre de 2008

La princesa que no quería hacer croquetas

Se ríe o se queja o se sorprende la gente de que el ministerio de Igualdad, o sea, la ministra Bibiana Aído más su secretario y su chófer (imagino), proteste contra un anuncio de las letras del tesoro o del tesoro público en el que un tipo se niega a dejar a su Puri porque hace unas croquetas de muerte, lo cual, viendo cómo está el croqueteo nacional en los tiempos que corren, posee una lógica innegable.
La gente se ríe, se queja y se sorprende de la reacción de la ministra, en comandita con una compañera del PP, pero yo la entiendo. No saben ustedes lo duro que es pasarse ocho horazas en el silencio de tu despacho de Madrid, sola, sin los amigos de siempre, que están en Andalucía (alguno de ellos, por cierto, muy influyente), aburrida de no dar golpe, buscando si acaso sin encontrarla nunca la palabra fistro en su ministerial diccionario de inglés.

Las hormigas resuenan como bombas en su vasto despacho. Encerrada en su castillo de marfil, la princesa está triste. "¿Quién fuera Hipsipila, que dejó la crisálida?", piensa Bibiana Aído en su jaula de oro esperando a un príncipe que sepa despertarla.

Y mientras, para entretener la eternidad de su vacío incorpóreo, de su ministerio que es forma pura, como el alma sin cuerpo, se inventa estos jueguecitos o se arroga competencias alejadas de su órbita, como la ley del aborto.

"Pobrecita", dirá Zapatero. "Con lo joven que es... Inventaos algo para que se nos divierta."

jueves, 25 de septiembre de 2008

Juan Pérez de Montalbán y las Lágrimas panegíricas

Escritor de gran éxito durante su corta vida, Juan Pérez de Montalbán se crió rodeado de libros en el establecimiento de su padre, que regentaba una de las principales librerías del reino. Alonso Pérez editaba nada menos que a Lope, a quien le unía una franca amistad entreverada de intereses (mutuos), y Juan, cuarenta años más joven que el Fénix, se convirtió en su más fiel y amado discípulo, lo cual pudo granjearle algunas enemistades en la controvertida y fragmentada república literaria de la primera mitad del siglo XVII.

El ataque más furibundo se lo lanzó Quevedo, quien lo hirió, fustigó, desangró, rebanó, desconyuntó, desolló, reventó y descostiñó en La perinola tras la publicación de una obra miscelánea con visos enciclopédicos que Montalbán tituló Para todos.

Para zaherirlo aún más profundamente, Quevedo lo llamó "retacillo de Lope", algo que, por cierto, siguen manteniendo algunos de los principales manuales de historia de la literatura española. Montalbán se rehízo de las críticas como pudo al amparo de su padre y de Lope, pero unos años más tarde, en 1635, comenzó a sufrir los primeros achaques de la enfermedad que acabaría prematuramente con su vida.

En los años siguientes, el ignoto mal continuó agravándose. José Quintana, un gran amigo suyo, llegó a escribir que la enfermedad le redujo, hasta en el modo de hablar, al estado de niño. A algunos de sus contemporáneos, treinta años después de la publicación de la primera parte de El Quijote, les da por pensar que Montalbán ha contraído el mismo mal que el caballero andante. "Y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio.”

Sin embargo, Montalbán no recupera la cordura al final de sus días y muere en 1638, tres años después de los primeros síntomas de la enfermedad. Las penosas circunstancias de su muerte provocaron que muchos ingenios de la época, estremecidos, llorasen su muerte y homenajearan al infeliz difunto y al malogrado amigo. El resultado son las Lágrimas panegíricas, una compilación de poemas fúnebres y textos de homenaje a Montalbán, dirigida por Pedro Grande de Tena, amigo del difunto, quien curiosamente ejerció el mismo papel que el propio Montalbán en el homenaje que éste preparó a la muerte de su maestro y mentor: la Fama póstuma a la vida y muerte de frey Lope Félix de Vega y Carpio.

lunes, 22 de septiembre de 2008

El bufón sin alma

Foto de www.elmundo.es

Todas las leyes tienen sus defectos, sus excesos, su endémica politización, etc., y no dudo de que la ley para la recuperación de la memoria histórica tendrá las suyas. Sin embargo, cuando se le pregunta por qué su partido se opone a ella, Mariano Rajoy no da razón alguna, sino que procura eludir la respuesta y se excusa en que él prefiere mirar hacia el futuro, como si el futuro pudiera construirse sin dejar que se restañen las heridas del pasado.
   Por eso me parecen especialmente intolerables e inmorales (algunos que hablan tanto de moral) las declaraciones de este personajillo que preside las Nuevas Generaciones del PP, que en tono de mofa, como si estuviera diciendo un monólogo en el club de la comedia, se permite el lujo de burlarse de las "fosas" y de la Guerra Civil, la "guerra del abuelo", una forma sublime de despachar un conflicto en el que murieron miles y miles de personas.
   Imagino que Pablo Casado no habrá tenido que llevar flores a una asquerosa cuneta en la que tal vez (sólo tal vez) reposaran los restos de algún familiar cercano. Yo, afortunadamente, tampoco. Pero compadezco de corazón a quienes se han visto obligados a ello y exijo que los poderes públicos les ayuden a encontrarlos, si es ese su deseo, o, al menos, que no entorpezcan su búsqueda.
  No veo el daño o el perjuicio que eso puede provocarle a mi jocoso tocayo, ni qué parte del futuro de Rajoy se verá ensombrecido por las pesquisas de los familiares de los desaparecidos durante la Guerra Civil, sean del bando que sean.
   Antígona fue condenada a muerte en su Tebas natal por rebelarse contra la ley , promulgada por Creonte, que le impedía darle a su hermano Polinices las exequias que merecía cualquier difunto. Y como tal ocupa un lugar privilegiado entre las heroínas de la mitología (y de la tragedia) griega.
   Aquí, sin embargo, todavía hay algunos que se burlan sin causa de unas personas que lo único que pretenden es saber dónde yacen sus seres queridos para llevarles flores allí donde se encuentren, para poder enterrarlos con dignidad o, simplemente, para poder reposar junto a ellos en la inmensa eternidad que, sin luces y sin sombras, a todos nos aguarda.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Palabras perdidas (I): Muerte de viajante


Gregorio Samsa era un viajante que una mañana cualquiera se despertó convertido en un repelente insecto gigante. La historia de la Metamorfosis de Kafka no es muy verosímil en sí, aunque se hunda en el inconsciente del ser humano con la fuerza de un pozo petrolífero. Pero lo que más sorprendería de la frase anterior en el lenguaje actual sería la palabra viajante. Dudo de que la conozcan muchos de nuestros adolescentes. Fue condenada a muerte por ese empeño terco y tan de nuestros tiempos de ocultar las profesiones (o lo que sea) que carecen de un determinado nivel de prestigio bajo denominaciones eufemísticas absurdas.

Parece que uno se imagine al viajante conduciendo un coche obsoleto (pongamos un Renault 21, a lo sumo), un tipo triste y grisáceo de una España desaparecida de pensiones sin baño y bocatas para ahorrarse un duro en la comida.

Un día, los comerciales se abrieron paso a empellones como los profesionales modernos que eran, y destronaron de sus puestos a los viajantes, que eran ellos mismos, sólo que más viejos, más pobres y más tontos. Imagino que tuvo que haber un tiempo de crisis de identidad, como la de Gregorio Samsa, o como la de Julio Llamazares, entre el anodino y anticuado viajante y el dinámico y pujante comercial, pero la nueva raza fue extendiéndose por todas partes con la fuerza de los que han nacido para domeñar el mundo.

La primera víctima de su arrojo fue la palabra viajante, que camina con paso firme, como el elefante que presiente su fin, hacia el cielo de estrellas en el que viven los vocablos que ya no habitan en nuestras lenguas: el lánguido y añorado mundo de los arcaísmos.

martes, 16 de septiembre de 2008

De limpieza


Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase ... ¡la blogse!

Sí, he vuelto y lo he visto todo sucio, la pobrecita blogse arrumbada, llena de polvo y mugre, y con telarañas dignas de un arácnido del tamaño de Spiderman. Lo primero que pensé fue en llamar al de mantenimiento y echarle la primera bronca, pero enseguida me di cuenta de que el de mantenimiento era yo. 
Así que tendré que ponerme manos a la obra, despejar los rincones mugrientos y aplicar una buena capa de pintura. 
   Espero que con eso sea suficiente.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Cinco once mil vírgenes en Cañas (La Rioja)


Algunos dudaron de su falaz existencia, como Enrique Jardiel Poncela, que tituló una novela suya con el irónico título de ¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes?, pero en un reciente viaje relámpago a La Rioja me he encontrado con las calaveras de cinco de esos once miles de castas féminas. Reposan en la sala de reliquias del monasterio de Santa María de Cañas, una abadía cisterciense del siglo XIII, enseñando sus interioridades con una impudicia muy alejada del recato que (supuestamente) mantuvieron en vida.

lunes, 4 de agosto de 2008

Un año de Blogse

Hace hoy exactamente un año que nació este blog, el 4 de agosto de 2007. Acababa de pasar unos días en Zamora, Ávila, Salamanca y Segovia (no por este orden) y pocos días más tarde íbamos a viajar a Valencia. Adela llevaba ya unos cinco meses de embarazo y estábamos a punto de comprar una casa en la que ayer hemos celebrado el bautizo de Diego.
Ha pasado ya todo un año, por si fuera poco bisiesto, 366 días desde aquellas "Analogías sumarias"de Julio Llamazares, primera entrada de este blog que, por cierto, no habría visto la luz sin la insistencia de mis hermanos Diego y Álvaro (La lúgubre góndola estuvo ayer también de aniversario).
Conocer el mundo bloguero, que es en realidad otro mundo, (no el otro mundo, claro) ha sido un descubrimiento casi tan interesante como el descubrimiento de América. En él destacan especialmente las personas que lo habitan: Diego y Álvaro, por supuesto, Pedro, Merche, Borja, Manuel, Nerea, Trenti, Antonio, etc., etc. y tantos otros... A todos, muchas gracias.

viernes, 1 de agosto de 2008

El alma del can Cerbero

Varias mitologías europeas recogen el mito del perro que guarda la entrada del otro mundo: Garm en la mitología germánica y nórdica, y Cerbero en la griega. El can Cerbero defendía la entrada del infierno helénico, el Hades, y a fe que la primera visión que se les presentaba a los griegos que acababan de cruzar la laguna Estigia, en una triste singladura que para colmo había que pagar al barquero Caronte, debía de ser aterradora: un terrible perro de tres cabezas coronadas por serpientes (que le salían dulcemente de la piel como el pelo al resto de sus congéneres; habría que ver quién era el osado Llongueras que se atrevía a ponerle mechas). Pero el caso es que Cerbero era perro que mostraba diferentes estados de ánimo según fuera la intención del paseante que se acercaba a sus dominios: si el interesado quería entrar al Hades, el animal enseñaba su mejor cara, se mostraba complaciente y movía la cola en señal de alegría; pero, como algún desdichado pretendiera escaparse, Cerbero podía actuar de una forma muy disuasiva. Dicho de otra forma: de las garras del perro mitológico no se hubiera librado ni Michael Scofield, el sesudo protagonista de Prison Break. O mejor aún: escapar del infierno helénico resultaba casi tan difícil como cancelar hoy día un contrato con las principales operadoras de telefonía móvil de nuestro país: Movistar, Vodafone y Orange. Por eso, a pesar de los siglos que han pasado (tantos que lo que era religión hoy no es más que mito), tengo la sensación de que las compañías telefónicas tienen en el fondo el alma del can Cerbero, es decir, actúan de la misma manera, recibiendo a los clientes que quieren entrar con dicharacheros movimientos de cola e impidiendo a toda costa la salida a los que desean cambiar de operador. Para que digan que la mitología es cosa del pasado.