lunes, 22 de septiembre de 2008

El bufón sin alma

Foto de www.elmundo.es

Todas las leyes tienen sus defectos, sus excesos, su endémica politización, etc., y no dudo de que la ley para la recuperación de la memoria histórica tendrá las suyas. Sin embargo, cuando se le pregunta por qué su partido se opone a ella, Mariano Rajoy no da razón alguna, sino que procura eludir la respuesta y se excusa en que él prefiere mirar hacia el futuro, como si el futuro pudiera construirse sin dejar que se restañen las heridas del pasado.
   Por eso me parecen especialmente intolerables e inmorales (algunos que hablan tanto de moral) las declaraciones de este personajillo que preside las Nuevas Generaciones del PP, que en tono de mofa, como si estuviera diciendo un monólogo en el club de la comedia, se permite el lujo de burlarse de las "fosas" y de la Guerra Civil, la "guerra del abuelo", una forma sublime de despachar un conflicto en el que murieron miles y miles de personas.
   Imagino que Pablo Casado no habrá tenido que llevar flores a una asquerosa cuneta en la que tal vez (sólo tal vez) reposaran los restos de algún familiar cercano. Yo, afortunadamente, tampoco. Pero compadezco de corazón a quienes se han visto obligados a ello y exijo que los poderes públicos les ayuden a encontrarlos, si es ese su deseo, o, al menos, que no entorpezcan su búsqueda.
  No veo el daño o el perjuicio que eso puede provocarle a mi jocoso tocayo, ni qué parte del futuro de Rajoy se verá ensombrecido por las pesquisas de los familiares de los desaparecidos durante la Guerra Civil, sean del bando que sean.
   Antígona fue condenada a muerte en su Tebas natal por rebelarse contra la ley , promulgada por Creonte, que le impedía darle a su hermano Polinices las exequias que merecía cualquier difunto. Y como tal ocupa un lugar privilegiado entre las heroínas de la mitología (y de la tragedia) griega.
   Aquí, sin embargo, todavía hay algunos que se burlan sin causa de unas personas que lo único que pretenden es saber dónde yacen sus seres queridos para llevarles flores allí donde se encuentren, para poder enterrarlos con dignidad o, simplemente, para poder reposar junto a ellos en la inmensa eternidad que, sin luces y sin sombras, a todos nos aguarda.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Palabras perdidas (I): Muerte de viajante


Gregorio Samsa era un viajante que una mañana cualquiera se despertó convertido en un repelente insecto gigante. La historia de la Metamorfosis de Kafka no es muy verosímil en sí, aunque se hunda en el inconsciente del ser humano con la fuerza de un pozo petrolífero. Pero lo que más sorprendería de la frase anterior en el lenguaje actual sería la palabra viajante. Dudo de que la conozcan muchos de nuestros adolescentes. Fue condenada a muerte por ese empeño terco y tan de nuestros tiempos de ocultar las profesiones (o lo que sea) que carecen de un determinado nivel de prestigio bajo denominaciones eufemísticas absurdas.

Parece que uno se imagine al viajante conduciendo un coche obsoleto (pongamos un Renault 21, a lo sumo), un tipo triste y grisáceo de una España desaparecida de pensiones sin baño y bocatas para ahorrarse un duro en la comida.

Un día, los comerciales se abrieron paso a empellones como los profesionales modernos que eran, y destronaron de sus puestos a los viajantes, que eran ellos mismos, sólo que más viejos, más pobres y más tontos. Imagino que tuvo que haber un tiempo de crisis de identidad, como la de Gregorio Samsa, o como la de Julio Llamazares, entre el anodino y anticuado viajante y el dinámico y pujante comercial, pero la nueva raza fue extendiéndose por todas partes con la fuerza de los que han nacido para domeñar el mundo.

La primera víctima de su arrojo fue la palabra viajante, que camina con paso firme, como el elefante que presiente su fin, hacia el cielo de estrellas en el que viven los vocablos que ya no habitan en nuestras lenguas: el lánguido y añorado mundo de los arcaísmos.

martes, 16 de septiembre de 2008

De limpieza


Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase ... ¡la blogse!

Sí, he vuelto y lo he visto todo sucio, la pobrecita blogse arrumbada, llena de polvo y mugre, y con telarañas dignas de un arácnido del tamaño de Spiderman. Lo primero que pensé fue en llamar al de mantenimiento y echarle la primera bronca, pero enseguida me di cuenta de que el de mantenimiento era yo. 
Así que tendré que ponerme manos a la obra, despejar los rincones mugrientos y aplicar una buena capa de pintura. 
   Espero que con eso sea suficiente.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Cinco once mil vírgenes en Cañas (La Rioja)


Algunos dudaron de su falaz existencia, como Enrique Jardiel Poncela, que tituló una novela suya con el irónico título de ¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes?, pero en un reciente viaje relámpago a La Rioja me he encontrado con las calaveras de cinco de esos once miles de castas féminas. Reposan en la sala de reliquias del monasterio de Santa María de Cañas, una abadía cisterciense del siglo XIII, enseñando sus interioridades con una impudicia muy alejada del recato que (supuestamente) mantuvieron en vida.

lunes, 4 de agosto de 2008

Un año de Blogse

Hace hoy exactamente un año que nació este blog, el 4 de agosto de 2007. Acababa de pasar unos días en Zamora, Ávila, Salamanca y Segovia (no por este orden) y pocos días más tarde íbamos a viajar a Valencia. Adela llevaba ya unos cinco meses de embarazo y estábamos a punto de comprar una casa en la que ayer hemos celebrado el bautizo de Diego.
Ha pasado ya todo un año, por si fuera poco bisiesto, 366 días desde aquellas "Analogías sumarias"de Julio Llamazares, primera entrada de este blog que, por cierto, no habría visto la luz sin la insistencia de mis hermanos Diego y Álvaro (La lúgubre góndola estuvo ayer también de aniversario).
Conocer el mundo bloguero, que es en realidad otro mundo, (no el otro mundo, claro) ha sido un descubrimiento casi tan interesante como el descubrimiento de América. En él destacan especialmente las personas que lo habitan: Diego y Álvaro, por supuesto, Pedro, Merche, Borja, Manuel, Nerea, Trenti, Antonio, etc., etc. y tantos otros... A todos, muchas gracias.

viernes, 1 de agosto de 2008

El alma del can Cerbero

Varias mitologías europeas recogen el mito del perro que guarda la entrada del otro mundo: Garm en la mitología germánica y nórdica, y Cerbero en la griega. El can Cerbero defendía la entrada del infierno helénico, el Hades, y a fe que la primera visión que se les presentaba a los griegos que acababan de cruzar la laguna Estigia, en una triste singladura que para colmo había que pagar al barquero Caronte, debía de ser aterradora: un terrible perro de tres cabezas coronadas por serpientes (que le salían dulcemente de la piel como el pelo al resto de sus congéneres; habría que ver quién era el osado Llongueras que se atrevía a ponerle mechas). Pero el caso es que Cerbero era perro que mostraba diferentes estados de ánimo según fuera la intención del paseante que se acercaba a sus dominios: si el interesado quería entrar al Hades, el animal enseñaba su mejor cara, se mostraba complaciente y movía la cola en señal de alegría; pero, como algún desdichado pretendiera escaparse, Cerbero podía actuar de una forma muy disuasiva. Dicho de otra forma: de las garras del perro mitológico no se hubiera librado ni Michael Scofield, el sesudo protagonista de Prison Break. O mejor aún: escapar del infierno helénico resultaba casi tan difícil como cancelar hoy día un contrato con las principales operadoras de telefonía móvil de nuestro país: Movistar, Vodafone y Orange. Por eso, a pesar de los siglos que han pasado (tantos que lo que era religión hoy no es más que mito), tengo la sensación de que las compañías telefónicas tienen en el fondo el alma del can Cerbero, es decir, actúan de la misma manera, recibiendo a los clientes que quieren entrar con dicharacheros movimientos de cola e impidiendo a toda costa la salida a los que desean cambiar de operador. Para que digan que la mitología es cosa del pasado.

martes, 29 de julio de 2008

Dos corredores opuestos


Pocos confiaban en el triunfo de Carlos Sastre en el Tour de Francia de este año, y yo no era una excepción, aunque el mismo corredor dijera al comienzo de la carrera que se había preparado para la victoria como nunca. Y no es que subestimara a Sastre, que me parecía un fantástico ciclista, recio en la montaña y pasable en la contrarreloj, sino que siempre lo he visto resistiendo más que atacando, y eso no es excesivamente bueno para un corredor cuya virtud reside principalmente en las etapas de montaña.
Contra los pronósticos generales, Sastre ha ganado el Tour a lo grande, atacando desde abajo en Alpe D'Huez y dejando a los mediocres favoritos para el triunfo final peleándose para no pelear, escondiéndose para no cargar con el peso de la ascensión, que no es otro que el peso de la gloria, como bien sabe Sastre. Cadel Evans, el eterno segundón exento de modales y sobrado de soberbia, se permitió el lujo de decir que había sido el único que había tirado de los favoritos cuando los que seguimos la etapa le vimos arrastrarse chupando rueda a cada tibio ataque que lanzaba cualquier integrante del llamado grupo de los favoritos. Sólo se puso a tirar cuando quedaban 3 kms. de puerto, es decir, cuando la meta estaba cerca y Sastre cada vez más lejos. En vez de felicitar al brillante vencedor de la etapa, que, como dijo Javier Ares, demostró que al menos no todos eran mediocres en el pelotón, Cadel Evans se revolvió con su orgullo innato y afirmó con el desprecio de quien se cree por encima del bien y del mal que el sábado, es decir, en la contrarreloj, le iba a arrebatar el amarillo. Así, con dos cojones. Por eso me ha alegrado doblemente la victoria de Sastre, porque es la victoria de un hombre bueno, humilde, que ha dado los mejores años de su vida como gregario de corredores inferiores a él, o a los que se ha llevado por delante la lucha contra el dopaje.
Por ello, mi más sincera enhorabuena a Carlos Sastre. Felicidades.

sábado, 26 de julio de 2008

Un agujero negro (tras otra entrada mítica)


Otro gran parón se ha apoderado de este blog, y creo que es el tercero desde que comencé a escribirlo, hace ya casi un año. Éste último ha sido tan largo, ha sido una entrada tan mítica, con esa I latina de primera parte (afortunadamente poca gente estaría esperando la segunda parte) que casi podría calificarse de agujero negro. El blog ha navegado entre millones de toneladas de antimateria y, como lo contrario de la materia no es otra cosa que el espíritu, o los espíritus, es evidente que esta bitácora se ha pasado más de un mes en el mismísimo cielo, entre estrellas y almas (no entre barras y estrellas, cuidado), como un místico más del Renacimiento español. Y como un místico más ha regresado del firmamento para morir porque no muere, es decir, para vivir, esperemos que por mucho tiempo, alejada de agujeros negros, galaxias lejanas y demás infinitos. Así sea.

martes, 10 de junio de 2008

Crónica de una huelga (I)

Camioneros españoles protestando por el precio del gasoil (www.laopiniondemalaga.es)



Ayer fue el día de la verdad, el Día D y la Hora H. Mucha gente se ha tomado la huelga de transportes como el desembarco de Normandía, es decir, como una guerra, o como la amenaza de un huracán en la costa este de Florida. La consigna ha sido, por tanto, aprovisionarse, acaparar, y las gasolineras y los supermercados se han convertido en las primeras "víctimas" de las masas. En Palma del Río, el viernes había ya escasez de combustible, especialmente de gasoil o diesel, y el sábado se oía por ahí que algunos conductores se habían visto obligados a ir a Écija u otros lugares próximos en busca del oro negro, estos días más valioso que nunca, como los buscadores de oro en el oeste de los Estados Unidos.

Yo estaba un poco ajeno a la problemática reinante, pero, al salir a la calle, Adela y yo nos dimos cuenta de que era el principal tema de conversación en todas partes y que el acaparamiento de productos había comenzado antes incluso que la propia huelga, que comenzaba ayer. La gente compraba sin complejos en los supermercados y se la veía más tarde por la calle acarreando pesadas bolsas del Mercadona o del Día. En el Mercadona la situación anómala saltaba a la vista. Mucha gente aprovecha el sábado para hacer la compra semanal, pero lo de éste se salía de madre. No es sólo que todas las cajas registraran una larga cola; es que además las colas estaban formadas en su mayoría por carros repletos.
Había más mercancía en circulación que en Mercamadrid y hasta el más torpe analista de Bolsa habría comprendido que aquella era una sesión volátil. A medida que los carros se llenaban, en las estanterías se iban abriendo grandes claros, como en el Amazonas, así que todo apuntaba a que se iba a pasar la tarde de turbio en turbio. Para pintar más el cuadro, sólo faltaba que a la entrada del Mercadona hubieran puesto un empleado vendiendo kits de supervivencia para situaciones de emergencia.
La voz había corrido tanto que cuando salimos del Mercadona, pertrechados con alguna que otra bolsa (aunque llevábamos bastantes menos bolsas que la media ¿es que íbamos a ser menos que los demás?), oímos unas palabras de un señor mayor, tirando a viejo, dirigidas a nosotros: "Ahí, ahí, con las bolsas, por si no llegan los camiones".

"Este tío nos ha calado". Esa fue la única respuesta que se me ocurrió en ese momento.

sábado, 7 de junio de 2008

De August Berns y de otros saqueadores


Ayer hablaba de la apropiación indebida de estrenos absolutos de que se quejaba mi hermano Diego, la víctima de la estafa, en su blog, y hoy publica El País una noticia que viene que ni pintada para el caso.

Informa El País de que un tal August Berns, alemán por más señas, saqueó la ciudadela del Machu Picchu, en Perú, algunas décadas antes de que llegara a ella su supuesto descubridor, el estadouniudense Hiram Bingham. La noticia se basa en una investigación de otro norteamericano, Paolo Greer, pero algo más abajo, en una parte con fondo azulado, una historiadora peruana afirma haber publicado un libro hace cinco años en el que aparecía la misma información sobre Augusto Berns que da Greer, al que, según la versión de Mariana Mould de Pease, peruana pese a sus apellidos, proporcionó algunos mapas en los que se basa el hallazgo. Mould de Pease, que se queja de la falta de difusión de su trabajo por ser peruana, algo que ocurre con mucha frecuencia con los españoles en nuestro país, acusa a Greer de sufrir el "síndrome del descubridor", enfermedad que ignoraba y que no hace sino corroborar la actualidad de la entrada que escribí hace unos meses sobre el síndrome del siglo XXI, que no es otro que el de sufrir los más variados síndromes. No obstante, en este caso, la acuñación del síndrome se justifica sobradamente por la frecuencia con la que se produce, en especial en ciertos ámbitos como el artístico (los segundos estrenos de obras para piano de Tomás Marco y otros) y en sectores como el de la investigación, al que pertenece Paolo Greer.

¿Qué hubiera sido de Colón si no hubiera logrado el Descubrimiento por antonomasia de la historia universal? Lo mismo ocurre con el resto de los seres humanos que justifican su valía profesional encontrando cosas nuevas. El problema comienza cuando a algunos no les importa tomar hallazgos de los demás y apropiarse de ellos.
Lo peor de todo (para Mould de Pease) es que el periodista que ha escrito la noticia, contando al menos con la duda de que el dato principal de la investigación pudiera haber sido tomado de un trabajo anterior, subtitule el artículo así: "El buscador de oro alemán Augusto Berns localizó el yacimiento en 1867, adelantándose a la llegada del estadounidense Hiram Bingham en 1911, según una investigación reciente." ¿Eso qué es? ¿Humor inteligente?

viernes, 6 de junio de 2008

Estrenos estrenados


El Parador de Ávila es un palacio del siglo XVI (el Palacio de Piedras Albas) que hace medianería con la universal muralla que defendía a la ciudad de sus enemigos. Desde fuera parece un castillo de juguete. Adela y yo pasamos unos días este verano en Ávila, en el Parador. Cuando pedimos la cuenta, observé un extraño apartado entre los conceptos que se detallaban en la factura. No era mucho dinero, unos dos euros, pero me dio por preguntarle al recepcionista de dónde procedía ese gasto. El hombre, un señor mayor de pelo cano y adusto gesto que llevaba impecable su traje-uniforme, miró la cuenta y me dijo que ese cargo era de la cafetería del hotel. Difícilmente podía ser un cargo mío, dado que no habíamos tomado nada en el bar, pero no dije nada mientras el recepcionista rebuscaba entre un montón de papeles y sacaba los referidos a nuestra habitación.
- ¿Ve? Aquí lo tiene. Ha tomado usted una tónica.
- No he tomado una tónica en mi vida - le dije, salvo mezclada con ginebra, debí haber añadido en honor a la verdad, pero no agregué nada.
El recepcionista me enseñó el cargo firmado por el cliente, que en principio debíamos ser Adela o yo. La firma se parecía a las nuestras igual que un camaleón a Winnie the Pooh, así que el hombre procedió cortésmente a modificar la factura.
- Se habrá equivocado de habitación -dije yo por dar conversación más que por un interés especial en hablar del asunto.
El recepcionista del Parador se dio la vuelta con rostro serio y un gesto de asombro ante mi ingenuidad. Negó con la cabeza.
- ¿Lo hacen adrede?
- Se sorprendería usted -me trataba de usted aunque me sacaba unos treinta años- de lo que hace la gente.
Mi hermano Diego ha descubierto (y ya van varias veces) que en la programación de algún festival de música comtemporánea figuran como estrenos absolutos obras que él ha estrenado previamente o que va a estrenar antes de la fecha del festival.
- Se habrán equivocado de obra.
Pero después me vienen a la mente las palabras del recepcionista de Ávila:
- Se sorprendería usted de lo que hace la gente.

lunes, 2 de junio de 2008

Ibéricas críticas innecesarias

Dedica José María Vaz de Soto su artículo del sábado en la edición andaluza de El Mundo a un asunto que desde su punto de vista no debe de ser baladí: criticar a una meteoróloga (o presentadora de El tiempo, quizá) por decir "península ibérica" donde debiera decir, según Vaz de Soto, claro, "península" a secas, por estar el adjetivo "ibérica" sobreentendido. Ustedes valorarán en su justa medida la pertinencia o no del tema para un artículo de opinión, teniendo en cuenta, eso sí, que decir península ibérica, aunque sea redundante en el contexto, no puede considerarse un error, sino, como mucho y exagerando, exceso de celo.

Me he interesado por la biografía de Vaz de Soto, que mi supina ignorancia desconocía, y leo en alguna página web, más o menos fiable, que estudió en la universidad Filosofía y Letras, aunque no especifica qué especialidad, y leo también que ha escrito a lo largo de su vida varios libros dedicados a la lingüística, a la dialectología, como Defensa de la lengua andaluza (1981) y El habla en la tierra de Aliste (1967).

Precisamente por eso me choca que Vaz de Soto, cuyo bagaje es indiscutible, cometa un error de bulto en el mismo artículo en el que pone a caldo a una presentadora de televisión por ser "pesada": considerar que "ibérica" en "península ibérica" es un adjetivo determinativo. Por resumir, diré que son adjetivos determinativos los que conocemos comúnmente como determinantes, palabras que sirven para actualizar y concretar al sustantivo al que preceden. Por eso algunos lingüistas los denominan actualizadores: artículos, posesivos, demostrativos... Si nosotros decimos "parque", aludimos genéricamente a todos los parques (y a ninguno), pero si decimos "el parque" o "este parque" o "tu parque", nos estamos refiriendo a un parque concreto. Ese es el trabajo que realizan los adjetivos determinativos, y no es equivalente al que efectúa el adjetivo "ibérica".

En realidad, "ibérica" es un adjetivo calificativo, como "amarillo", "alto", etc., y lo es porque remite a una cualidad del sustantivo del que depende. Confundir un adjetivo calificativo con uno determinativo sí es un error grave y no decir península ibérica en vez de península a secas por mucho que no lo exija el contexto.

Cuando alguien se pone a censurar supuestos fallos lingüísticos, y más cuando se hace sin el más mínimo sentido del humor, ha de tener especial cuidado de no incurrir en ningún error, porque puede acabar convertido en el cazador cazado. Claro, que a Vaz de Soto siempre le quedará la enseñanza que la malevolente sabiduría popular ha venido atribuyendo principalmente a los curas: "Haz lo que yo diga y no lo que yo haga".