martes, 23 de noviembre de 2010

Diego Fernández Magdaleno, Premio Nacional de Música 2010

Hace tiempo (mucho tiempo) que no escribo en el blog, pero creo que la ocasión lo merece. Mi hermano Diego ha sido galardonado con el Premio Nacional de Música 2010, que otorga el Ministerio de Cultura, por "su excelencia como pianista, su constante labor de promoción de la música española, en especial la contemporánea, en su amplitud y diversidad estética".
Enhorabuena.

martes, 12 de enero de 2010

Invasión de loísmos (el aguijón en el vocablo)

Leo La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, junto a la estufa de leña en este invierno de perros que hasta finales de noviembre parecía un otoño de ángeles y una frase llama poderosamente mi atención, igual que palabras como hasi por así o envede por en vez de (triste pero cierto) que encuentro en algunos ejercicios de mis alumnos.
Advierto de que la frase en cuestión puede ser perjudicial para la salud lingüística de los lectores, así que, si por casualidad lees esto y no has cumplido 18 años, cambia de blog.

"Siempre es reconfortante que lo aseguren a uno que no se ha vuelto paranoico" (página 189).
Puede que eso sea cierto, pero más cierto es aún que esa frase no reconforta a nadie aunque no sufra de paranoia. Ese lo nocivo, dañino y detestable ataca los oídos y los ojos de todos menos de la traductora, Isabel González Gallarza. No descarto que reciba comisión de otorrinos y oftalmólogos afectados por la crisis.

Y el caso es que cada vez me encuentro con más ejemplos de loísmo, es decir, el empleo de lo, que debe usarse para el complemento directo, para referirse al complemento indirecto. En la oración de La elegancia del erizo, el C. directo es "que no se ha vuelto paranoico" y el lo se refiere a uno, que es el C. indirecto, y por tanto habría que sustituirlo por le invariable en género. En este tiempo he oído varios ejemplos más, como "Dalo vuelta" por "Dale vuelta (a la ensalada)" o "Lo echamos un vistazo" por "Le echamos un vistazo".

El loísmo avanza por estas tierras castellanas a buen paso porque, en mi opinión, hay una tendencia a corregir el leísmo y laísmo endémicos del castellano del centro de España (presente en Quevedo y tantos otros), lo que origina hipercorrecciones, es decir, correcciones erróneas: escribir un lo donde correspondería el le que el hablante hubiera empleado si no buscara corregir ese fallo.

Así, en el mundo periodístico hoy se oyen pero, sobre todo, se leen unos lo (incluso correctos), dignos de novela hispanoamericana, prácticamente inéditos, pues en España el leísmo de persona está muy extendido e incluso aceptado por la RAE.

Y eso ha llegado ya a la traducción. Ya se sabe: traduttore...

jueves, 3 de diciembre de 2009

Una habitación con vistas

Santa María del Fiore y Palazzo Vecchio.

Como la de la novela de E.M. Forster y la película de James Ivory, la habitación que ocupamos este verano mis hermanos Álvaro, Diego y yo en nuestro viaje a Florencia tenía unas vistas fantásticas (cfr. foto inferior). Aunque para vistas, las del palacio Pitti, al otro lado del Arno (cfr. foto superior). En alguna vida anterior debimos de pertenecer a una familia enemiga de los Médicis, porque el maravilloso, gigantesco y calurosísimo palacio estuvo a punto de convertir a Diego en agua, como al Garcilaso de las "Hermosas ninfas"y a mí en cojo: me caí tres o cuatro escaleras y parte mi espalda fue a parar a la pared. Y me dolió. Y me indignó profundamente: el celebérrimo almohadillado del palacio Pitti no sirvió, en mi caso, para nada. Coge fama...
En primer término, plaza de Santa María Novella, con la estación de tren y la iglesia homónima. Detrás, de izquierda a derecha, cúpula de San Lorenzo, la catedral y, diminuta, la torre del Palazzo Vecchio en la plaza de la Signoria.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Diego cumple dos años

Hace ya dos años que me presentaron en una habitación del hospital de la Cruz Roja de Córdoba a un bebé que intentaba sobreponerse del frío con el que había nacido con un pijama amarillo y un gorrito azul que prácticamente le tapaba toda la cara. Hoy lo hemos celebrado por todo lo alto con unos regalos que han atacado directamente a sus tres grandes pasiones (si exceptuamos el fútbol): Pocoyó, los coches y... los zapatos.
(Este año se me ha pasado volando. Sólo me ha dado a escribir nueve entradas...)

Coronado desde primera hora de la mañana en la guardería, Diego ha gobernado magnánimamente sobre el aparcamiento de Imáginarium, sus coches y demás posesiones. En la última foto, con mi hermana Alicia y José.

jueves, 26 de noviembre de 2009

El graznido

Hace una semana, en mitad de la noche, me levantó en vilo un grito atronador y terrible, más pavoroso aún como estaba inmerso en el mar de tinieblas que era la habitación a esas horas. A los pocos segundos se repitió el sonido y, entonces, ya más despierto, o por mejor decir, "de turbio en turbio", pude reconocer un graznido horrendo que fue respondido inmediatamente por otro lejano que, quizá precisamente por eso, me pareció más dulce.
Temiendo toparme con el cuervo de Poe, encendí el móvil por no despertar a Adela y me aventuré hacia el balcón. Allí, tras la puerta de madera que nos separaba y por cuyas rendijas se había colado, como el relente nocturno, su asqueroso sonido, debía de estar el pajarraco enseñoreándose orgullamente sobre el estrecho balcón de mi casa. Imaginé que sería un cuervo o un enorme aguilucho de los que dominan el paisaje sobre los tendidos eléctricos o sobre las señales de tráfico y que a veces lanzan sus alas hacia los parabrisas de los coches en las carreteras comarcales de Tierra de Campos como furiosos suicidas poco aplicados.
Hace tiempo que no vivía por estos lares, pero, por más que busco, no encuentro en mi memoria la riqueza de aves con que me topo ahora en mi camino de Sísifo hasta Tordesillas. Y no me extraña: Tierra de Campos (o cierta parte de ella) acabará convirtiéndose en reserva de aves, en parque natural, en un territorio neovirgen sin habitantes.
- Los de Tierra de Campos estamos sentenciados -me dijo Celes, concejal de Palazuelo de Vedija, este verano, y todo indica que en la condena hay más objetividad que pesimismo.
Así, las aves domeñan un paisaje de trigales moteados de pueblos despoblados por los que parece que no pasa el tiempo, pero que, poco a poco, se desangran y mueren.
Golpeé sin fuerza el cuarterón y el pájaro alzó el vuelo sobre la planicie. A esas horas, poco vería de los campos sobre los que gobernarán con mano de hierro él, sus congéneres y sus descendientes, reyes absolutos de estas tierras como lo fueron de la Tierra entera sus remotos ancestros, los dinosaurios.

lunes, 23 de noviembre de 2009

La desaparición del cuyo entra en el Diccionario de Autoridades

Hace dos años largos, cuando comenzaba su intermitente singladura la Blogse, escribí una entrada titulada "En busca del cuyo perdido". Culpaba entonces a la prensa en general de la desaparición (en la escritura, porque en la lengua oral es irrecuperable) de ese determinante relativo que un día también fue pronombre (observable hoy como un fósil del Pleistoceno en un famoso poema de Quevedo) y que en la actualidad no es nada o casi nada.
Pero he aquí que, leyendo un texto de Julio Llamazares (protagonista también de los primeros titubeos de la Blogse), titulado El cielo de Madrid, descubro que algunos escritores también han optado por desterrar al cuyo del lugar que el castellano le había encomendado hasta nuestro tiempo.
"Pasados los dos primeros, de los que ni siquiera llegué a saber el nombre, tan rápido se pasaron[...]", escribe Llamazares sin lágrimas, sin sospechar que ha relegado al tímido y apocado cuyo al paro en tiempos de crisis, sin percatarse siquiera de que la frase "pasados los dos primeros, cuyos nombres ni siquiera llegué a saber" es más económica y más eufónica que la suya. Y sin saber tampoco que su frase podría ser empleada por un anti-Diccionario de Autoridades, al estilo de los primeros que elaboró la RAE, de palabras que han sido abandonadas por su propia sangre e inician el largo camino hasta petrificarse en materia de estudio de la paleontología.

(Julio Llamazares, en una imagen de www.elcorreodigital.com)

El aguijón en el vocablo

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Gajes de la emigración

Efectivamente, he vuelto a los orígenes, como dice Pedro en su comentario a la entrada anterior, aunque no trabajo ni en Palazuelo, Merche, ni en Medina de Rioseco, sino en Tordesillas. En el Juana I de Castilla me he dado cuenta de que el entorno sí marca algunas diferencias en la enseñanza de la lengua: eliminar los ejercicios de ortografía relacionados con el seseo y con la pérdida de las -d-, por ejemplo; o un caso más extremo: el del leísmo y el laísmo.
En La Puebla de los Infantes prefería pasar de puntillas sobre el tema, porque allí sólo incurren en el leísmo de persona, aceptado incluso por la RAE, y explicarles errores que no cometen me parecía más contraproducente que beneficioso; pero sí se lo comentaba brevemente, y cuando les ponía ejemplos del tipo "la dijo que viniera" o "cógele" refiriéndose a un libro, se reían y, con gran incredulidad, preguntaban dónde se decía eso, porque no lo habían oído nunca.
Cuando hace un par de semanas explicaba el laísmo y el leísmo en Tordesillas, muchos alumnos , laístas militantes, me espetaron que "la dijo que viniera" no era ningún error, y que la versión correcta, "le dijo que viniera", sonaba fatal. Que quién decía eso.
Y, recordando la respuesta de los chavales de La Puebla, tan parecida (y tan contraria) a la de estos de Tordesillas y pueblos aledaños, no pude hacer otra cosa que reírme y decir para mis adentros: "gajes de la emigración".

domingo, 15 de noviembre de 2009

Desde Palazuelo de Vedija

Plaza Mayor de Palazuelo. En primer término, el Monumento al Marranero. Detrás, el palacio de los Cuadrillero y la iglesia de Santa María del Barruelo.

Han pasado tantos meses de silencio bloguero, de estado latente, de muerte virtual en vida, que a la Blogse le ha dado tiempo a mudarse de ciudad, provincia y hasta de comunidad autónoma. Sus huesos cibernéticos han ido a parar a un pequeño pueblo del noroeste de la provincia de Valladolid, entre ondulados campos de cereal, llamado Palazuelo de Vedija.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

No estaba muerta: estaba de parranda.

Hace unos días los medios de comunicación dieron la noticia de un tipo que apareció vivito y coleando en su propio entierro, como el estudiante Lisardo de la leyenda, con la diferencia de que aquel, el actual, asistió a la inhumación de una persona a la que, sencillamente, habían confundido con él. La vida y la muerte de una persona nunca dependió tanto de la opinión de los demás como en este caso. Cinco magníficos familiares, cinco, identificaron un cadáver erróneo. ¿Tantos deseos tenían de verlo muerto? Seguro que el falso finado se estará formulando esa pregunta ahora mismo.
El caso es que el protagonista del luctuoso evento irrumpió en el acto saltándose a la torera el más elemental protocolo que rodea a un entierro: que sea el muerto el que esté en el féretro y, además, que el fallecido no acuda con la primera tajada. ¡Qué fácil habría sido incinerar a este muerto! Habría ardido con más facilidad que Heracles.
Pero no, no estaba muerto: estaba de parranda. Y entonces me vino a la cabeza, no sé por qué, mi blog; abandonado el pobre desde el mes de abril, ni más ni menos. Y entonces supe que mi inconsciente tenía razón: que la blogse no estaba muerta, estaba de parranda. Y que ya era hora de que volviera, aunque fuera arrumbada y borracha.

P.D. Lo triste de esta historia es en lo que casi nadie ha reparado: en que había un tipo que no estaba de parranda: estaba sencillamente muerto. D.E.P.

lunes, 27 de abril de 2009

martes, 21 de abril de 2009

Pulmón verde

Por lógica, Ayrtom Sidorkin debería ser el hombre que mejor respirara del mundo; y, sin embargo, tuvo que presentarse en el hospital con fuertes dolores en el pecho y una tos que acarreaba sangre. En las radiografías, los médicos pudieron observar una mancha pulmonar que parecía un tumor, pero la biopsia que se le practicó al enfermo dio unos resultados desconcertantes. Las extrañas agujas verdes que le extirparon al paciente en la prueba, según descubrió el cirujano en la operación posterior, correspondían a una rama de abeto de cinco centímetros que había enraizado en el pulmón de Sidorkin.

La historia es bastante inverosímil (aunque ya enseñaba Aristóteles que lo inverosímil no ha de ser necesariamente falso). Hubiera escamado bastante más que de la rama de abeto pendieran espumillones, una bola de navidad, y la figura de Papá Noel cantando a voz en grito "Hacia Belén va una burra, rin, rin".

El pobre Sidorkin nunca imaginó que la sabia naturaleza rusa pudiera causarle tanto daño, que su cuerpo pudiera convertirse en un vivero. Quizá el abeto, harto de que el hombre utilice a los árboles como "pulmón de la Tierra" o, simplemente que, cansado, asqueado, ahíto de metáfora tan manida, planeara una paradójica venganza y fuera a aposentarse en un pulmón humano nada metafórico. "Tropos, los justitos".

Imagino que, antes de salir del hospital, a Sidorkin le habrán sometido a un reconocimiento completo. Espero que no le hayan encontrado nada más, porque como, aparte del abeto en el pulmón, tenga hongos en los pies y golondrinos en las axilas, van a tener que nombrarle por lo menos parque natural. O reserva de la biosfera.

jueves, 2 de abril de 2009

Las Memorias de un setentón, de Ramón de Mesonero Romanos

Durante estos meses de silencio bloguero he descubierto la figura de Ramón de Mesonero Romanos. Lo conocía de algún cuadro de costumbres de las Escenas matritenses y de oír su nombre asociado casi siempre al de Larra y al de Serafín Estébanez Calderón, pero ignoraba la existencia de sus Memorias de un setentón, compuestas en las postrimerías de su larga vida (más aún teniendo en cuenta la esperanza de vida en el siglo XIX). En ello tal vez no tuviera escasa parte su patrimonio, heredado de su padre (salamanquino, como dice el propio Mesonero hijo), que le permitió una vida regalada sin dar un palo al agua por obligación. Volcó toda su dedicación a sus aficiones literarias y a las inclinaciones filantrópicas propias de un burgués moderado de su época con deseos de que su país y, en particular, su ciudad natal, Madrid, en cuyo ayuntamiento ocupó el puesto de concejal durante algunos años, progresaran.
Escritas con una prosa algo altisonante para nuestros días, pero aun así ágil y amena, estas memorias pueden dividirse en dos partes. En la primera, que transcurre entre la invasión napoleónica y la subida al trono de Isabel II, Mesonero Romanos deja que los sucesos históricos prevalezcan sobre los recuerdos propios, aunque se mezclen ambas facetas. No falta, incluso en este apartado, algún cuadro de costumbres de la sociedad madrileña de ese período, pero es a partir de 1833, con el sosiego de la política española, cuando las excepcionales dotes de observador de Mesonero van a campar a sus anchas.
El libro es apasionante en sus dos partes, en la narración y el análisis del la Guerra de la Independencia, de los reinados de José Bonaparte y del alevoso Fernando VII, y en la descripción de los usos y costumbres de los españoles de la época, así como del mundillo cultural y literario fundamentalmente romántico.
Estas memorias nos acercan a un hombre entrañable de prodigiosa memoria que mira al pasado sin rencor y sin afán de protagonismo, que recuerda con ternura a los personajes de los círculos literarios con los que compartió la primera mitad del XIX , que buscó ante todo el progreso de sus conciudadanos y que, a falta de otro oficio, ejerció, como reza la descuidada edición de Crítica, el de "madrileño profesional".

Ramón de Mesonero Romanos, Memorias de un setentón, Barcelona, Crítica, 2008

jueves, 26 de marzo de 2009

Y no hallé cosa en que poner los ojos...

Hace unos días, mi hermano Diego colgó en su blog una viñeta de El Roto titulada Oficina de empleo en la que aparecía el marco de una puerta por la que pasaban casi en círculo una multitud de personas grises, tristes, sin esperanza, condenadas a atravesar una y otra vez por el maldito marco de la oficina. La sensación de destino inalterable me recordó los castigos envenenados de la mitología griega, pero además me trajo a la mente una imagen no mitológica, sino real. La vi saliendo de Úbeda el lunes posterior al día de Andalucía frente a la tosca plaza de toros ubetense, que, pese a estar construida en el siglo XIX, más bien parece un castro prerromano. Justo en la otra acera se concentraban más de cien personas. Observé el gentío y pude ver que se dirigía hacia una oficina de empleo.
Me restalló Quevedo en la cabeza: "Y no hallé cosa en que poner los ojos/ que no fuese recuerdo de la"... crisis.

martes, 24 de marzo de 2009

Despertar del vudú

Dice mi querida Merche Pallarés, no sin una sorna monumental, que mi próxima entrada será en el segundo o tercer cumpleaños de mi hijo, Diego, y al paso que iba la burra, más había en ello de verdad de lo que me imaginaba cuando leí su comentario. Escribí mi última entrada el 3 de diciembre, justo después de las sesiones de evaluación del trimestre pasado, y escribo ésta cuando ha transcurrido ya una semana de las de este trimestre. Como bien dice la palabra, han pasado tres meses y, aunque este blog (como, dicho sea de paso, La lúgubre góndola) es bastante propenso al Guadianismo (por decirlo así), o a los agujeros negros, ninguna interrupción es comparable a esta última. Parece como si a este blog le hiciera vudú (o vodú, que decía mi admirado profesor de la facultad Ricardo de la Fuente) algún chamán prehistórico para volverlo por un tiempo a estado latente, como un vulgar murciélago. Así que este blog ha hibernado los tres meses de invierno. Y despierta de su letargo, como el oso Yogui, con la llegada de la primavera.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Cumpleaños (o cumpleaño) de Diego

He estado tan ocupado con las evaluaciones (que en mi instituto se han adelantado a esta semana por mor de la asistencia de los alumnos los últimos días -como si la mayoría no asistiera per se-) que entre corregir exámenes y hacer cuentas para poner las notas no me ha dado tiempo a celebrar en el mundo bloguero el cumpleaños de Diego (cumpleaño sería más exacto), que fue el domingo. Los cambios que se han operado en estos 366 días de año bisiesto quedan muy claritos si se comparan las fotos de esta entrada con la que colgué cuando nació. Diego pesa ahora tres veces más y ha ganado un 50% de estatura. Si aprovechásemos igual todos los años de nuestra vida...

Diego, pasándoselo en grande con su mesa de actividades parlanchina.


Diego, con su gorrito y su cazadora, preparado para afrontar valientemente un gélido día de invierno (perdónese el exceso de flash).

martes, 25 de noviembre de 2008

Traducciones literales I (el aguijón en el vocablo)

Con las elecciones de EE.UU. y el flamante equipo de gobierno que día a día vamos leyendo en la prensa y vemos en televisión e internet compruebo por enésima vez la pereza mental que inunda el periodismo cuando se trata de traducir términos de otros idiomas (en particular, del inglés) al nuestro. Aunque el periodista cuenta con la dificultad (y la excusa) del apresuramiento, de la inmediatez, lo cierto es que la traducción literal asoma la cabeza en novelas y otros textos que pueden estudiarse con más detenimiento, como contaba hace ya tiempo Javier Marías en El País Semanal.

La rapidez que implica la noticia no exime al periodista de la falta que comete cuando se incurre en ella hasta la saciedad o cuando se repite mecánicamente sin reparar en su significado en español o en que ya existen las palabras precisas en castellano para denominar aquello que ha de traducirse. Las traducciones literales al principio chirrían, pero luego se van adaptando a nuestro discurso. Nuestros oídos, desde luego, se acostumbran a todo.
El día de las elecciones americanas los oídos me lloraban ya de escuchar continuamente las palabras "votos electorales" y "votos populares". Venían a mis oídos y se enseñoreaban de ellos como música de las estrellas. Y en el hartazgo que se iba apoderando de todo mi ser, acabé reflexionando sobre el significado de "votos populares" y "votos electorales". ¿Qué coño quería decir eso? Deduje por mis propios medios que el sintagma "votos populares" venía a referirse a lo que en España llamamos "votos" a secas, y los "votos electorales" a lo que denominamos "escaños" o bien en este caso "delegados". ¿Por qué entonces repetir continuamente eso tan americano de "votos electorales" y "votos populares" si tenemos prácticamente que imaginarnos su significado?
(Continuará)

martes, 18 de noviembre de 2008

En la cumbre


De nuevo La insoportable levedad del ser me da claves para interpretar cumbre que se ha celebrado este fin de semana en Washington. Hace ya unos días comparé el casi lúbrico deseo de ir a la cumbre de nuestro presidente (a quien desde aquí felicito por este éxito) con la levedad de Parménides y el peso de Beethoven, dicotomía que explica Kundera en su novela. Ahora, son las fotos del encuentro las que traen a mi memoria una parte de esta obra, que cuenta las relaciones de dos parejas cuyos miembros, en un momento u otro de sus vidas, entran en contacto.

Franz, el personaje que menos páginas ocupa de los cuatro, es un profesor suizo casado con una mujer a la que no quiere y amante de una pintora llamada Sabina que fue amante a su vez de otro protagonista de la historia, Tomás. Cuando Franz abandona a su esposa, Sabina lo abandona a él, pero el profesor, en vez de hundirse en una depresión severa, se siente reconfortado: por primera vez en su vida puede tomar decisiones por sí mismo.

Con el tiempo inicia una relación amorosa con una alumna suya, pero sigue guardando por Sabina un amor más allá de las cosas, un amor semejante al que mantenía según las normas del amor cortés medieval el amante con su dama. Como prueba de ese amor descabellado, Franz acepta acompañar una protesta en Camboya para pedir a sus autoridades que permitan el paso a un grupo de médicos para atender a la población civil.

El grupo se aproxima a la frontera y una traductora pide que dejen entrar a los médicos. Se suceden los segundos, caen los minutos uno tras otro, pero desde el otro lado del río que hace frontera todo es silencio o, peor aún: indiferencia. "Franz comprendió de pronto que todos eran ridículos, él y los demás, pero aquella comprensión no lo separaba de ellos, no lo llenaba de ironía, al contrario, era ahora cuando sentía por ellos un inmenso amor [...]. ¿Qué más puede hacer esa gente que teatro? ¿Les queda alguna otra posibilidad?".

Los miembros del G20 se enfrentan a una situación desconocida que difícilmente puede solucionarse en reuniones como las de este fin de semana. Es imposible tomarse un café con churros por la mañana, como ha dicho Solbes muy socarronamente, y salir por la tarde con el capitalismo refundado. Quizá esta cumbre no sea más que puro teatro. Pero, como a Franz y a sus compañeros de marcha, ¿acaso les queda otra posibilidad?
Foto de www.rtve.es

jueves, 13 de noviembre de 2008

A los troyanos lo de los troyanos y a los aqueos lo de los aqueos

Es curioso cómo una mala traducción, una interpretación errónea o una elisión más o menos voluntaria puede cambiar radicalmente la realidad. 
Según la Ilíada, los troyanos sufrieron un asedio que se prolongó nada menos que nueve años, momento en el cual se manifiesta la cólera de Aquiles. El asalto a la ciudad, mítica durante siglos, es una obra maestra de la astucia sobradamente conocida. Los troyanos aceptan un caballo envenenado (con un rico mundo interior, diría algún psicoanalista contemporáneo) que lleva en sus entrañas, como una madre, la destrucción de la ciudad. Y, sin embargo, paradójicamente, en informática reciben el nombre de troyanos aquellos programas que se instalan inadvertidamente en los ordenadores y controlan los movimientos o las páginas que visitan sus usuarios. Los troyanos son, pues, programas espía que llevan a cabo una labor semejante a la que desempeñó el caballo de Troya en la Ilíada, pero no los troyanos, que precisamente fueron sus víctimas (que se lo digan a Eneas, por ejemplo), ya que el animal de madera fue obra de los aqueos. 
Dice la Wikipedia, que hoy parece necesitar de nuestra ayuda (pretenden recaudar seis millones de dólares en todo el mundo, ni más ni menos), que la palabra troyano, con esta acepción, procede directamente del trojan horse inglés, 'caballo troyano' literalmente, expresión de la que por economía lingüística, supongo, o por ecología, se eliminó el caballo
Internet ha convertido a los troyanos en invasores. Cómo se nota que ni Las troyanas de Eurípides ni la Ilíada están en los primeros puestos en las listas de venta de libros...

lunes, 10 de noviembre de 2008

¡Me he convertido en un personaje de Los lunes al sol!


A veces desayuno en un bar de La Puebla de los Infantes que está junto a la Plaza de la Virgen de las Huertas. A esas horas, sobre las ocho y veinte de la mañana, suelen poblar el local cuatro o cinco parroquianos que dedican su tiempo a mirar al vacío mientras se beben un copazo de anís del Mono o de la Castellana, o un licor de guindas Miura de la vecina Cazalla de la Sierra. En la barra, los cafés corren mayor peligro de extinción que el lince ibérico.

La semana pasada pedí mi café con leche y mi tostada de rigor. A mi lado, un tipo joven que trabaja en la Caixa de enfrente comentaba que su compañero llevaba una semana sin ir al trabajo porque estaba disfrutando del nuevo permiso de paternidad.

- ¿Quince días? ¿Pero es que ha parío él? -preguntó socarronamente el camarero.

Cuatro jornaleros que desayunaban su copita de aguardiente (hay que recordar que el desayuno es la comida más importante del día) se inmiscuyeron en la conversación. Uno contó un caso de un trabajador que había tomado la baja de paternidad.

- Al volver le mandaron otra vez a su casita.

A los demás parroquianos les pareció natural la actuación de la empresa. Me pareció una postura curiosa en un pueblo en el que gobierna IU y en el que el PP apenas tiene representación, pero el voto en muchos casos no es que sea secreto, es que es inescrutable (aunque haya que escrutarlo por cojones).

- Es que ahora hay que mimar el puesto de trabajo -continuó otro.

- No, no -terció un tercero- es que tener un trabajo con sus fines de semana, sus puentes, sus vacaciones pagadas... es que no es tan sencillo.

Mordí un trozo de mi tostada aún a medias y miré con atención los rostros de todos los que me acompañaban en el bar. Si hubiera visto a un tipo gordo, con barba y un parecido razonable a Javier Bardem no hubiera dudado ni un instante de que me había convertido sin enterarme en un personaje de Los lunes al sol. Menos mal que nadie recurrió a la etimología de la palabra antípodas: anti podas, 'locon trario'. Si no, habría llegado a dudar de mi propia existencia.

jueves, 6 de noviembre de 2008

El artífice en la sombra de la victoria de Obama.

Todo el mundo está hablando estos días hasta la saciedad de la victoria de Barack Obama, de sus extraordinarias cualidades para la política (esas que, dicho sea de paso, escasean en la mayoría de los políticos), de su capacidad para encauzar los deseos de cambio de su país y de gran parte del mundo en este momento de desconcierto, y sin embargo apenas se ha nombrado a una persona que ha contribuido decisivamente a este momento histórico, un hombre en la sombra sin cuya participación activa estos últimos años hoy no estaríamos hablando de que un negro llega por fin a la Casa Blanca. Sin su ineptitud, sin su estulticia, sin sus rebajas de impuestos a los más ricos, sin su propensión a explotar el miedo de sus ciudadanos, sin las guerras de Iraq y Afganistán, sin sus problemas para deglutir una galleta, sin todo usted, en suma, todo lo que estamos viviendo hoy no habría sido posible. Gracias por todo, George W. Bush.